Home Civilización

Civilización

Filigrana:  sobre un libro  de José Luis Enciso

Luis López Rosales

Sabemos —sobre todo por el cine— que el género del fin del mundo exige la ambigüedad para plantear la amenaza: su origen y naturaleza deben bañarse en vaguedad, y las etapas de la extinción en fantasía; en cambio, se regodea con los pormenores de la vida de los últimos (siempre los últimos) sobrevivientes: la incertidumbre, la desesperanza, el hambre, el dolor, el duelo, la desorientación, con harta frecuencia la nostalgia por la vida anterior. Por eso evita hablar de un ‘fin’ de manera terminante, mejor recurre a la metonimia y ajusta el ‘fin del mundo’ a la repentina y acelerada muerte de un gran número de personas o el desastre que pone a la humanidad ante esa posibilidad… (Pues si de verdad el mundo —el planeta o toda la humanidad— desapareciera, la historia sería la de otro mundo: uno sin humanos o uno que renace.)

José Luis Enciso no rehúye esas condicionantes: perfila las escenas de su libro entre el cataclismo, el holocausto y el apocalipsis, y los personajes —no siempre humanos— pueden estar en presente, en recuerdo o en profecía. Los relatos de El amor antes y después del final del mundo (Secretaría de Cultura, Gobierno del Estado de México) van enganchando sin presagiar el mecanismo del conjunto al echar mano de los enigmas, los humanoides, el desastre, las paradojas, lo incomprensible en cada episodio. Justamente esa fragmentación de una totalidad de la que siempre somos ajenos permite aparentes absurdos, por ejemplo un momento inaudito del enfrentamiento palestino–israelí en “Un paraguas amarillo”, el juego de cortejo anónimo en “Violetas”, el relato de otro tiempo de un guía de turistas en “Aquel escriba”, y la paradoja en el microcuento perfecto que es “Tema del pastor ausente”.

Con un cuidado estilístico a ratos parsimonioso —sumido en el deleite de ese cuento— que incorpora términos peculiares (el arcaísmo “gobelino”) y construcciones líricas simples (“Hallar su espalda desnuda y, en ella, escombros luminosos del farol callejero”), distancia la afectividad del autor e incrementa la experiencia del lector. El hilo que une los cuentos como cuentas en un collar es el amor, sus derivaciones, deformaciones y distracciones: la amistad, la frustración, el recuerdo, el despecho, el odio, la promesa, la infidelidad, el instinto.

Un rasgo del autor Enciso llama con fuerza la atención y es su eficacia y persistencia para abordar el dilema existencial del artista como orfebre: indaga no tanto en la mano que guía la creación, algo que más de un poeta alude, sino las señas de un preceder meticuloso. Una vez iniciado el empeño creativo, ¿es la idea y la voluntad del autor, la lógica interna de la creación y sus asociaciones azarosas, los determinantes externos (las rutinas, la cotidianidad, las pláticas, las aficiones), lo que guía el desarrollo y delimita la eficacia de la obra? Todo el libro discurre sobre ello, aunque destaca la contundencia del abordaje en “Max y los vegetales”, “Aquel escriba”, “El mago y la marioneta”, “Modelos para armar” y “Tema del pastor ausente”.

septiembre 20, 2018 0 comment
0 Facebook Twitter Google + Pinterest