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Multinacionales: convergencias estratégicas, discordancias organizativas

Las multinacionales se han convertido en los actores centrales de las economías globalizadas. Así lo señalan los investigadores Enrique de la Garza y Marcela Hernández, coordinadores del libro Configuraciones productivas y relaciones laborales en empresas multinacionales en América Latina, texto en el que diferentes especialistas analizan las políticas de relaciones laborales y sindicales de empresas multinacionales norteamericanas y latinoamericanas en cinco países del sur del continente: México, Colombia, Venezuela, Brasil y Argentina.

En entrevista, Enrique de la Garza señala que “dentro de la polémica entre convergencia y divergencia [de sistemas de gestión empresarial transnacional], este libro explora las tendencias que se pueden vislumbrar en el siglo XXI. Esta investigación puso a prueba el método configuracionista por el cual no se parte de una hipótesis ni de marcos teóricos rígidos, sino de problemas específicos y con una perspectiva de reconstrucción de la teoría para el caso concreto”.

Las multinacionales pueden tener estrategias globales, pero estas se mueven hacia la convergencia. Al situarse en países concretos sufren mediaciones, que las llevan a la coexistencia de lo genérico con lo específico; es decir, al momento de adaptar las políticas globales de una multinacional a la operación cotidiana de una subsidiaria, las primeras mantendrán ciertos elementos que convivirán con particularidades operativas locales, en principio no contempladas. Estas especificidades están presionadas por los contextos locales y, especialmente, por el comportamiento y concepciones de los actores involucrados, como gerencias, sindicatos, trabajadores, Estados.

ENRIQUE DE LA GARZA Foto: Carlos Porraz Sánchez

 

Un marco de referencia flexible

En conversación con Enrique de la Garza, surge la necesidad de conocer el detalle de su trabajo de investigación, frente al contexto cambiante de la globalización.

—Si tomamos en cuenta el contexto actual y la forma en que se abordaron los estudios que contiene el libro, entonces ¿fue complicado establecer el marco de referencia empleado?

—Lo mas difícil fue que las empresas accedieran a dejarnos entrar a sus instalaciones, porque desde la crisis del 2009, las gerencias se cerraron y ahora ya no es posible acercarse a ellas de una manera directa. Todo lo hemos conseguido de una manera transversal, con conocidos de ellos, amigos e incluso familiares; esto pasa porque la competencia entre ellos es muy fuerte, tienen miedo de que se filtre información, esa ha sido la principal dificultad. Respecto del marco de referencia, no hubo problema, porque estamos metidos en el debate de hacia dónde van las grandes corporaciones. Es algo que está en el debate público, nosotros no lo inventamos, es decir, ¿con la globalización hay una tendencia a la convergencia internacional de las matrices con sus filiales en tecnología, organización, relaciones laborales, o no necesariamente?

La otra pregunta es: si no hay una tendencia, entonces ¿hacia dónde van? Eso es lo que nos dio la pauta para saber para dónde van tecnológicamente, en términos de organización, relaciones laborales, sindicatos. Para desarrollarlo, escogimos cuatro grandes transnacionales, dos de Estados Unidos, City Bank y la Ford, de México Bimbo y Movistar —que es ‘paraguas’ de Telcel y Telmex—. Las analizamos, a las filiales o casas matrices, según el caso, en México, Colombia, Venezuela, Brasil y Argentina.

 

—Una vez publicado, ¿qué pretenden que genere el libro?

—Más o menos con el inicio del siglo XXI estas grandes corporaciones intentan crear una misma estrategia global, pero que al llegar a cada país encuentran que las leyes laborales no son las mismas que su país, así que deben hacer muchas adaptaciones de tal manera que el modelo que fue diseñado en las matrices sufrió muchas modificaciones al llegar a otros países. Entonces, uno de los puntos en que queremos profundizar más, es que estas grandes corporaciones sí van por el camino de tecnologías más elevadas, ya sea la robotización, que es el caso del sector automotriz, aunque también hay en otras empresas metalmecánicas —que no son armadoras—, o la informatización, como los bancos y las telecomunicaciones. Entonces nos preguntamos si estas grandes firmas usan mano de obra muy calificada, en su mayor parte, o no.

Lo que encontramos es que no es así, que más bien está dividido ese mercado entre las compañías que no tratan al público, que son las que están en los sistemas informáticos, donde se requiere personal con calificaciones altas, y los que están frente al público, por ejemplo, los que atienden en Telcel en los centros de atención al cliente, en ventanilla, o en los bancos, o bien, como en el caso de Bimbo, los que reparten a las tiendas… Entonces, hay un segmento que se ubica en una posición elevada en una empresa, que sí requiere de muy altas calificaciones, pero otro segmento que no las tiene, incluyendo los que usan sistemas informáticos, pues por ejemplo, si algunos de ellos emplean ciertos recursos tecnológicos, eso no quiere decir que sean o que requieran ser expertos en informática —como pasa en la vida cotidiana, uno usa internet y no es un experto.

Es decir, hablamos del uso de cosas elementales. Asimismo, el cajero de un banco se aprende las rutinas de cómo se hace un depósito o una transferencia, pero no se le permite meter mano a los programas, eso provocaría un caos; entonces, los que hacen eso están en otro lugar, a esos nunca los ve uno. De tal manera que hay trabajo informatizado o automatizado que no requiere muy altas calificaciones, es más, la mayoría están en ese nivel, son el porcentaje más alto, por ejemplo en Bimbo la mayor parte del personal son los repartidores y ellos sí usan informática, pero muy simplificada, traen una handheld con la que cobran y saben cuánto entregaron en cada lugar que visitan, cuántos productos les devolvieron, es algo muy simple, que cualquiera lo hace, y ese personal es muy fácil de sustituir… Así también están los salarios.

 

Acercamiento con nueva perspectiva

Los tipología de las empresas transnacionales (EMN), multinacionales y globales no tienen consenso, muchas veces son definiciones puramente operacionales. Jorge Carrillo reporta la existencia en México de 1,764 EMN que operan en dos o más países con un mínimo de 500 personas mientras que en el país de origen lo hacen con 100. De esas corporaciones, 87% son extranjeras y en total representan el 25% del empleo registrado en el Instituto Mexicano del Seguro Social. En promedio, cada una tiene tres mil empleados. Sin embargo, en México la mayoría de sus ingresos son por exportaciones, a diferencia de otros países en los que se deben al mercado interno.
Los autores de Configuraciones productivas y relaciones laborales en empresas multinacionales en América Latina (Editorial Gedisa/UAM, 2017) se alejan de las teorías de la innovación, el aprendizaje tecnológico y los problemas de la cognición, así como de las perspectivas del upgrading, que son los puntos de vista más utilizados en nuestra región para estudiar a las multinacionales. Con este libro abren la discusión acerca de cómo se presentan estas teorías para el mercado de servicios, pues dos de las corporaciones que analizaron corresponden a este sector; al final, plantean una perspectiva teórica metodológica como alternativa a las teorías precedentes.
El coordinador del volumen, Enrique de la Garza es profesor–investigador en el Doctorado de Estudios Sociales de la Universidad Autónoma Metropolitana, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, con 20 distinciones académicas, entre otras el Premio Nacional de Economía.

Configuración de negocio y de productividad

Una de las perspectivas que más llaman la atención en el contexto planteado por los investigadores del libro, se refiere a las relaciones de las empresas con sus empleados, ya sea a través de un sindicato o de manera directa. ¿Hay desplazamiento real de la mano de obra?

Hasta ahora, en lo analizado —nos dice De la Garza— no se mira como algo notable. Una de las plantas más automatizadas en México pertenece al sector automotriz, la que inauguró Audi en Puebla, que tiene muchos robots, pero aún emplea una persona que teclea lo que la máquina debe hacer, así que no todo el proceso está robotizado. Tienen, en ese caso, dos mil trabajadores, disminuyendo la presencia humana con respecto a la armadora de Volkswagen, cierto, pero no existe todavía una armadora que funcione sin una sola persona. Es lo mismo que pasa por ejemplo en Telmex, donde la central casi no tiene trabajadores, al igual que otras empresas del sector, todo el proceso es muy automatizado, pero en los centros de atención sí hay trabajadores.

 

Hay trabajo informatizado o automatizado que no requiere muy altas calificaciones, es más, la mayoría de puestos están en ese nivel, y ese personal es muy fácil de sustituir… Así también están los salarios.

 

Estas configuraciones son la plataforma en la que diferentes actores (gerencia, mandos medios, trabajadores, sindicato) interaccionan. El concepto de trabajador no clásico también se refiere a producciones clásicas que, por otra parte, están articuladas con la comercialización. Se trata de un trabajo con fuerte interacción simbólica, y con participación laboral del cliente (el trabajo del cliente, por ejemplo en un supermercado, y el control ampliado del trabajo mediante registro automatizado de movimientos, como en las ventanillas que atienden por ticket de turno).

Lo que sucedió a nivel global, en las matrices extranjeras y en las nacionales, impactó en México, materializándose en la configuración de negocio y la productiva. Los elementos mencionados nos permiten hablar de una nueva configuración, en la que el Estado, las relaciones laborales y sindicales, el cliente y los proveedores, pasan a ser parte consustancial de ésta, a la que hemos denominado configuración lean production, con ampliación al trabajo no clásico.

Cada una de las dimensiones de la configuración adquiere connotaciones específicas en relación con el Estado, con las relaciones laborales y sindicales, con las estrategias y su materialización en la configuración sociotécnica de producción, con la venta y comercialización, para conformar una red de subconfiguraciones en permanente proceso de reconfiguración.

octubre 9, 2018 0 comment
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Vinculación tecnología–productividad, reto para el desarrollo. IV.

José Luis Fernández Zayas

 

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Estímulo para los innovadores

Como se afirma con mucha frecuencia, las empresas mexicanas no parecen interesarse por la innovación tecnológica con la vehemencia de sus contrapartes extranjeras, aunque la emergencia de los estímulos fiscales y los programas de fomento de los últimos años han sacado del letargo a algunos cientos de firmas. El hecho de que hayan surgido, en estos últimos tiempos, empresas mexicanas que resultan estupendas competidoras de clase global, y que se suman a las muy pocas pero muy grandes experiencias de otras firmas mexicanas que compiten con éxito en el extranjero, es de dar entusiasmo.

Las empresas mexicanas que han surgido a la competencia internacional son, de acuerdo con los reportes del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), dependencia de la Secretaría de Economía, algunos cientos. Estas son las que han usado algunos de los procesos de estímulo y fomento a la tecnología, desde los estímulos fiscales hasta los programas de participación directa, con recursos humanos o de otra naturaleza. Pero en particular las empresas que se han beneficiado de los programas de estímulo promovidos con mucho éxito por la Secretaría de Economía y otros organismos nacionales y extranjeros, son mucho más numerosas. Además, se tienen reportes muy optimistas de diversos estados de la República que acusan crecimientos muy significativos en empresas de base tecnológica, muy frecuentemente asociadas con los nuevos tratados de libre comercio. Se puede ser optimista, si bien las cifras de empresas favorecidas y dinámicas no pasa de unos cuantos miles, pero recordemos que eran un puñado al inicio del siglo actual, el XXI. De todas maneras se está muy lejos de crear un impacto definitivo en la economía nacional (en la creación de empleos de calidad, en la contribución con nuevos impuestos al Estado o en la orientación de nuevas áreas de actividad académica).

Una reflexión que ha motivado a diversos analistas al optimismo, es la emergencia de expertos que fomentan la innovación tecnológica y de otros tipos en las empresas. Con motivo del surgimiento de los estímulos fiscales a la inversión tecnológica en las empresas, por ejemplo, han surgido consultores que asesoran a las empresas a usarlos, y ellos cobran como bono una fracción del estímulo obtenido. Si bien este nuevo ‘intermediario’ no es bien visto por todos, es claro que se empieza a configurar un nuevo profesional de la gestión, un consultor que logra conectar los intereses macroeconómicos de la política pública en congruencia con las presiones internacionales, con las posibilidades de las empresas mexicanas, sobre todo las pequeñas. Algunos de estos ‘consultores’ se están convirtiendo en genuinos gestores de la innovación tecnológica en empresas de ciertos sectores, donde se están especializando. Aunque a partir de 2009 se han suspendido los estímulos fiscales, esta tarea es tan claramente rentable que la actividad de consultoría tecnológica, particularmente en áreas específicas como ahorro de agua y energía, sigue en aumento.

El perfil del gestor tecnológico dista mucho aún de estar definido. Sin embargo, es claro que, por un lado, lo anima el éxito económico, como a la empresa; pero por otro, lo estimula el reto tecnológico, como al investigador universitario, y se familiariza con los actos sociales y políticos que reúne a los actores de las diversas fuerzas que propician el desarrollo en el país. De alguna manera habría de reconocer que esta nueva ocupación profesional es remuneradora y necesaria.

En otras latitudes del planeta, la emergencia de los innovadores tecnológicos es también motivo de preocupación, optimismo y, por tanto, de análisis. En general habría que reconocer que los innovadores citados, que son motivados por el aumento en las utilidades de las empresas, son muy legítimos propulsores del ‘Prometeo desencadenado’ del capitalismo moderno que se ha documentado tan profusamente en Europa, y que sigue una tendencia evolutiva desde Smith, Marx y, más tarde, Schumpeter (para la evolución del capitalismo como disciplina central en el corazón de la revolución industrial, desde 1750 hasta ahora, consúltese la obra de David S. Landes).

Esta acreditación a los innovadores tecnológicos se ha considerado, en su mayor parte, un hecho evidente de sofisticación en el desarrollo de la economía. Las preocupaciones más sutiles de las determinantes de la propensión de los emprendedores a innovar ha llegado mucho más tarde con la identificación de un proceso más general, que da bases a la explotación económica del conocimiento tecnológico: al mismo tiempo que éste es un ente cómodo y generoso, casi excusable como bien público —o casi público—, los mercados puramente competitivos son incapaces de generar un flujo de utilidades, suficientes para motivar a las firmas que buscan más utilidades a invertir recursos en su generación.

Con el propósito de generar dichos incentivos, una condición principal es abandonar la competencia pura (como, por cierto, reconocieron de manera explícita Smith, Marx y Schumpeter). Una vez que ha sido aceptado lo anterior, falta hacer un estudio de qué tan profunda y distante puede hacerse esa separación. Desde un punto de vista meramente normativo, habría que preguntarse (y contestarse) cuál es el grado deseable de ‘apropiabilidad’ capaz de detonar un flujo sostenido de innovación para beneficio de una empresa de negocios, y qué tipo de mecanismos se debe auspiciar para fomentarlo. Falta acotar también las condiciones y circunstancias institucionales y tecnológicas que propicien el éxito de los innovadores en sí mismos. Mucho más adelante habría que discutirse cuáles serían los métodos más apropiados para medir el tino de estos esfuerzos, y el grado de participación que deben tener las empresas y el sector público en enfrentar su costeo.

De vuelta en México, es importante reconocer que existe en el mundo de la consultoría una actividad cada día mejor acreditada y supervisada por organismos del sector privado, de fomento a la innovación con recursos gubernamentales, la cual es ciertamente reciente pero se advierte pujante. No parece haber razones para suponer que el interés público cese; sino más bien, atendiendo las modas y presiones de todos los países, que se acreciente y florezca. No obstante, habría que reconocer que el esfuerzo nacional para llevar innovación tecnológica a las empresas es todavía muy incipiente, y como resultado, pocos son los consultores que se abocan a una carrera de innovación. Todo ello apunta a la conveniencia de reforzar la carrera y las circunstancias de desempeño del gestor de la tecnología.

El papel de las universidades

Queda pendiente, sin embargo, la respuesta a la cuestión de cómo estimular económicamente la gestión de la innovación. Un primer acercamiento se encuentra en la práctica probada de las universidades en los países avanzados, donde existe un acomodo entre la búsqueda de nuevas tecnologías y la construcción del conocimiento académico. Se dispone de una oficina universitaria para la transferencia de tecnología, la que tiene a su cargo la identificación de cualquier oportunidad que se genere en sus laboratorios para trascender a la economía; se identifican estas opciones y se estimulan, al tiempo que se fomentan los contactos con las empresas pertinentes.

Una vez que se atisba una oportunidad de transferencia de tecnología, se acuerdan plazos, mecanismos y procedimientos para acelerarla. En ese ínterin se acuerda con los autores de la tecnología un plazo antes de proceder a publicar sus resultados. Los profesores que resulten autores de una patente exitosa, que se pueda licenciar en un plazo razonable, son generosamente recompensados compartiendo por partes iguales el beneficio económico con la universidad. Así, todas las partes tienen estímulo para proceder a la rápida, oportuna y pertinente transferencia de tecnología. En México habrá que construir, paso a paso, una mecánica con atractivo y capacidades operativas equivalentes.

 

Estado actual de la innovación tecnológica en México

Hay diversos análisis y estudios sobre la situación mexicana en términos de la innovación tecnológica, algunos de los cuales, como los de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, se llevan a cabo desde hace casi 25 años (ver www.oecd.org/sti/scoreboard). La planeación económica ya incorpora, de manera formal, reflexiones, y por tanto mediciones del desempeño de los países, que incluyen de manera muy destacada la pertinencia con que se cuida la cadena de valor del conocimiento, que va de la educación básica a la superior, el posgrado, la investigación científica y tecnológica, y de ahí a la innovación. Con base en estos estudios se elaboran recomendaciones que tienden a corregir errores de planeación y acelerar el proceso de desarrollo.

Una revisión de los trabajos señalados proporciona, lamentablemente, una imagen muy clara del mal estado que se tiene en México en materia de innovación tecnológica, lo que revela valores y actitudes de los mexicanos que se reflejan en todo el espectro de la innovación: educación, empresas, universidades y centros de investigación. Muchos expertos han querido abundar sobre el asunto para tratar de ‘encontrar culpables’ (muchas veces, esta búsqueda ha sido cálidamente animada por el fragor de los partidos políticos); los indicadores analizados revelan que este país hace esfuerzos por desarrollarse, que sin embargo no son suficientes. Es decir, en forma absoluta, hay indicadores abrumadores del desarrollo mexicano, a tal grado que es como comparar el 70% de analfabetas mexicanos que había hace 100 años con la pequeña cantidad —en términos relativos— de nuestros días. El problema es que la mayor parte de los países avanza más de prisa, y al quedarnos rezagados nos tocan las migajas del desarrollo internacional. La competitividad —está visto— es un fenómeno que depende en buena parte de la velocidad a la que se mueven los demás competidores.

Un análisis del gobierno europeo, en el que se compara el desempeño de cuatro países de interés (EU, Canadá, Brasil y México), señala que los cuatro tienen estructuras de gobierno federal que comparten responsabilidades con gobiernos estatales y locales para asuntos de política de innovación. Sin embargo, existen profundas diferencias entre estos países en términos de las capacidades de innovación, organización, políticas y rendimiento en general. Estados Unidos, que es indiscutiblemente el líder mundial en innovación tecnológica en virtud de su magnitud, rendimiento y productividad, destina cada año más de 2.5% de su PIB a investigación y desarrollo (I+D), alrededor de 0.6 puntos porcentuales más que el promedio de los 25 países más ricos de la Unión Europea en el último quinquenio. EU publica más artículos técnicos y científicos en revistas de prestigio, así como solicitudes de patentes, que ningún otro país de la región, aún después de hacer el ajuste por el tamaño de la población; además, los modelos norteamericanos de relación entre la industria y la universidad, capital de riesgo y nuevas empresas de base tecnológica, son el referente internacional.

Sin embargo, sucede que la política de innovación de EU está fragmentada y descentralizada, se han despertado preocupaciones con respecto al abasto doméstico del trabajo técnico, y uno de los retos más importantes es coordinar de mejor manera los numerosos programas de innovación y actividades patrocinadas por muchas unidades diferentes del gobierno federal, y los esfuerzos de 50 estados y de algunas ciudades poderosas. Asimismo, es para reflexionar que las alianzas y asociaciones estratégicas entre unidades federales y estatales, así como agrupamientos de empresas privadas (clusters), han crecido de manera importante en la última década, particularmente en los emergentes dominios tecnológicos y en iniciativas diversas para conservar y fortalecer las capacidades manufactureras.

Por su parte, Canadá se desempeña de manera más parecida al promedio de los países de la Unión Europea (UE), con una inversión similar en porcentaje del PIB destinado a I+D, un poco mejor que el resto de Europa en una base per cápita en términos de publicaciones en ciencia y tecnología, y un poco menos bien en razón de las solicitudes de patentes. Canadá posee una población altamente educada y es un usuario poderoso de la tecnología de la información y las comunicaciones (TIC). Sin embargo, una remuneración relativamente baja para los trabajadores tecnológicos bien entrenados ha empezado a producir preocupación por una fuga de talentos latente. Por otra parte, una política reciente manifiesta el objetivo de acelerar las inversiones y el compromiso visible con la innovación; ello incluye más recursos para I+D, esfuerzos más agresivos para retener y atraer capacidades expertas en ciencia y tecnología, más capital para inversiones de riesgo, así como reformas regulatorias y fiscales. También, los gobiernos provinciales y el central quieren adquirir prominencia en diversos clusters de alta tecnología, que sirven de focos para los niveles superiores de inversión.

En Brasil existe una amplia brecha en la mayoría de los indicadores de innovación, comparado con EU, Canadá y la UE. Una excepción es la inversión en las TIC como fracción del PIB. Brasil tiene una tradición en desarrollar conocimiento (know how, saber cómo), así como en formar alianzas estratégicas con corporaciones multinacionales. Sin embargo, subsisten las preocupaciones con respecto a la educación básica de calidad pobre, el abasto de trabajadores especializados y la disponibilidad de capital de inversión. El reto más importante que hoy encara Brasil es el desarrollo de capacidades innovadoras propias, particularmente en el sector de las pequeñas empresas. Este país también lucha por reducir los obstáculos burocráticos y mejorar el nivel de apoyo gubernamental a programas orientados a la innovación.

Por su parte, México es el más rezagado entre los mencionados en inversión en I+D, así como en indicadores de propiedad intelectual, por más que el gobierno ha hecho esfuerzos por alcanzar la meta de elevar la inversión nacional en I+D a 1% del PIB. México se ha desempeñado un poco mejor en términos de la diseminación de las TIC, alcanzando y hasta rebasando en cierto momentos a Brasil en ese indicador (pero aún muy por debajo de Canadá y EU). México también procura reemplazar tecnología importada a través de la construcción de su propia capacidad de innovación en diversas materias. Sus esfuerzos más importantes incluyen reformas e inversiones en educación, y la descentralización de su sistema nacional de innovación, que lleva a establecer asistencia técnica a negocios y esfuerzos para conectarlos con las redes regionales de conocimiento.

La comparación anterior revela las grandes brechas que se profundizan constantemente, entre México y el mundo desarrollado, por un lado, pero también con Brasil, un país que solía estar más rezagado que México —si bien actualmente Brasil enfrenta serios problemas políticos y económicos que amenazan con convertirse en una crisis de proporciones imprevisibles.


El mal estado de la innovación en México lo fermentan los valores y actitudes en los diversos sectores. El problema es que nos tocan las migajas del desarrollo internacional. La competitividad depende de la velocidad de avance.


Un último estudio, presentado en un foro internacional por uno de los grupos de análisis mexicano de más prestigio, permite evaluar las estrategias de innovación tecnológica en cuatro países que generalmente se asocian porque sus puntos económicos de partida, hacia mediados del siglo XX, eran similares: España, Chile, Corea y México. Se hacen mediciones de sus efectividades y de los impactos de las diversas políticas de desarrollo, y se obtienen conclusiones muy interesantes que a continuación se plantean de manera general. En primer lugar, hay que reconocer que no todos los gobiernos han adoptado estrategias claras, comprometidas y apropiadamente implantadas como políticas públicas para la promoción de la educación superior, el desarrollo de ciencia, tecnología y, desde luego, innovación tecnológica como base del desarrollo económico. No todos los gobiernos han estimulado el desarrollo de tecnología en los sectores industriales, ni han fortalecido sus sistemas de innovación nacional y regional. Mediante este análisis comparativo, como se ha hecho con otros países en otros contextos, se trata de identificar las mejores prácticas que pueden resultar en indicadores económicos (estrategias de innovación, identificación de competencias, etc.) en el desarrollo de ciencia y tecnología y que revelan el éxito o el fracaso en la aplicación de la política pública.

Un aspecto prominente de la experiencia coreana es que ahí se desarrollaron consorcios planeados en sectores considerados estratégicos. Chile ha progresado de manera ejemplar en caminos similares, con procesos comparables. España, fuertemente apoyada por las políticas de la Unión Europea, ha consolidado importantes redes de colaboración que involucran universidades y centros de investigación, industrias y agencias gubernamentales, particularmente al nivel local. Adicionalmente, el avance en Chile se basa en esfuerzos conservadores pero efectivos de estructurar una política de innovación a partir de la adquisición de tecnología selectiva.

Posiblemente la diferencia más significativa entre los países sea la magnitud y la efectividad de la colocación de recursos federales para apoyar las estrategias. En el caso específico de México, las principales entidades encargadas de formular y ejecutar investigación científica y tecnológica, son los centros de investigación adscritos al Conacyt, que dependen de una asignación presupuestal federal anual. Estos centros, además, son considerados administrativamente como parte del gobierno federal, por lo que sus políticas de salarios, inversión y gasto corriente se ajustan a su burocracia.

El sector privado mexicano participa de manera secundaria en actividades de I+D, haciéndose la mayor parte de la actividad en los centros de las grandes corporaciones internacionales, que ocasionalmente tienen convenios de colaboración con alguna de las universidades locales.

El impacto deseado en aumentos permanentes y sistemáticos de la productividad dependerá de los esfuerzos sistemáticos y continuos en favor de mejoras tecnológicas constantes. En México, como se ha mencionado, apenas se empiezan a dar algunos pasos en la vinculación entre los sectores académicos e industriales, y como el mismo término ‘sector’ sugiere, son mundos separados que rara vez entran en contacto. Sin embargo, los mecanismos de evaluación de la pertinencia de los estudios y las investigaciones en las instituciones públicas, prácticamente se basan en criterios internacionales, casi nunca en la verdadera pertinencia, lo que hace muy difícil que las instituciones académicas apoyen la innovación tecnológica.

Como ha recomendado insistentemente la OCDE, en armonía con las continuas prédicas de los más asiduos estudiosos de la productividad, y en consonancia con los casos de éxito de naciones como Corea, Irlanda y España, en algún momento las instituciones de investigación y desarrollo mexicanas deberán encontrar un camino para establecer relaciones de colaboración con el sector productivo. Pero mientras esta vinculación indispensable no se produzca, el incremento en la productividad por la vía de la innovación tecnológica será excepcional e infrecuente.

 

Perfil:

José Luis Fernández Zayas Ingeniero mecánico electricista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y doctor en ingeniería por la Universidad de Bristol, Inglaterra. Ha establecido centros privados de diseño de ingeniería y dirigido empresas productoras de equipo electromecánico. Fue gestor de energía en el Programa de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo Iberoamericano (Cyted, 2011) y director del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt (2012) y de Investigación Científica y Tecnológica y Medio Ambiente de la Secretaría de Energía (Sener). Es miembro de la Academia e Ingeniería de México e investigador del Instituto de Investigación de Ingeniería de la UNAM.

Nota:

Artículo tomado del libro Responsabilidad social. Múltiples perspectivas, un sólo propósito, editado por Compite, Concamín y la SE. Se reproduce con autorización del coordinador editorial del libro, Santiago Macías Herrera.

septiembre 20, 2018 0 comment
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Vinculación tecnología–productividad, reto para el desarrollo. III.

José Luis Fernández Zayas

 

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Historia del término, su empleo y teoría

El término de tecnología disruptiva fue inicialmente propuesto por Clayton M. Christensen y presentado en 1995, en un artículo titulado “Tecnologías disruptivas: alcanzando la ola”, que escribió en conjunto con Joseph Coger. Posteriormente lo describió con más detalle en el libro El dilema del innovador (1997). En la secuela que Christensen tituló La solución del innovador, sustituyó el término por el de innovación disruptiva, pues reconoció que diversas innovaciones son intrínsecamente disruptivas o que tienen capacidades para sostenerse por sí mismas. Es precisamente la estrategia o el modelo de negocio que la tecnología permite, lo que produce el impacto disruptivo. El concepto de tecnología disruptiva continúa la larga tradición de la identificación del cambio técnico radical en el estudio de la innovación, bajo la óptica de los economistas, y el desarrollo de herramientas para su gestión, al nivel de una empresa o de política.

Christensen distingue entre la ‘disrupción de bajo nivel’ o de ‘extremo inferior’ —que se orienta a los consumidores que no requieren el rendimiento tecnológico elevado de los clientes del ‘extremo superior’— y la ‘disrupción de mercado nuevo’ que se aboca a clientes que no hubieran podido ser servidos satisfactoriamente por la tecnología que prevalece.

La disrupción de extremo inferior se presenta cuando el ritmo al que los productos mejoran, excede la velocidad a la cual los clientes pueden adoptar los nuevos rendimientos. Es por ello que en algún momento el rendimiento del producto rebasa las necesidades de un segmento de la clientela. En este momento, una tecnología disruptiva puede penetrar el mercado y proporcionar un producto con menor rendimiento que el establecido, pero que satisface apropiadamente y posiblemente hasta exceda los requerimientos y expectativas de ciertos segmentos, con lo que podría asegurar un nivel de entrada en el mercado.

Es interesante observar cómo la disrupción de extremo inferior se desempeña en el tiempo. El disruptor se enfoca inicialmente a servir al cliente menos rentable, quien por cierto se encuentra satisfecho con un producto suficientemente bueno. Este tipo de cliente no está dispuesto a pagar un bono extra por la mejora del rendimiento o funcionalidad del producto. Una vez que el disruptor se ha apropiado de este segmento del mercado, los esfuerzos se dirigen a mejorar los márgenes de utilidad; para alcanzar los mejores se tiene que penetrar otros segmentos de mercado a los que pertenece un tipo de cliente que está dispuesto a pagar por una mejora en calidad. Para asegurar esta calidad en sus productos, el disruptor debe innovar. El proveedor establecido del mercado no suele hacer mayor esfuerzo por retener su porción del mercado en este segmento menos rentable, así que suele moverse hacia arriba en el mercado, donde están más clientes con más expectativas y más dinero. Después de un cierto número de encuentros similares, el establecido se encuentra arrinconado en mercados más pequeños a los que solía atender. Así, eventualmente la tecnología disruptiva encuentra la demanda del segmento más rentable y empuja a la empresa establecida gradualmente fuera de él.

La disrupción de nuevo mercado ocurre cuando un producto que es inferior de acuerdo con la mayor parte de los indicadores de rendimiento, se adapta a un nuevo segmento o a un segmento emergente del mercado. Por ejemplo, el sistema operativo Linux; cuando fue introducido tenía un rendimiento inferior al de otros sistemas de servidores como Unix o WindowsNT. Pero Linux era más barato comparado con los otros, así que después de años de refinamiento Linux amenazó con desplazar a los distribuidores comerciales líderes de Unix.

No todas las tecnologías disruptivas se asocian con rendimientos inferiores. Existen varios ejemplos en los que la tecnología disruptiva sobrepasa la tecnología existente, pero no es adoptada por los principales ocupantes del mercado. Es frecuente observar esta situación en aquellas industrias que tienen inversiones importantes en la tecnología antigua. Para mudarse a la nueva tecnología deben no solamente invertir fuertes sumas, incluso frecuentemente reemplazar la antigua infraestructura por una nueva (y desechar la antigua puede encerrar costos elevados). Puede simplemente resultar más efectivo en costos para el operador de la tecnología tradicional ‘ordeñar’ la infraestructura existente durante su declinación, sea proporcionando mantenimiento escaso o insuficiente, y poner en entredicho la posibilidad de mantener la vida útil de mediano plazo de las facilidades existentes. Uno de los riesgos de actuar de esta manera es que la decadencia de las instalaciones puede conducir a accidentes y costos imprevistos. Un jugador recién llegado al mercado no suele quedar atrapado en este acto de equilibrio.

Se puede ilustrar con algunos ejemplos la disrupción de alto rendimiento:

  • El incremento en el uso de contenedores de carga y el éxito del Puerto de Oakland, California, mientras que el antiguo Puerto de San Francisco desechó planes de modernización. Esa fue posiblemente una decisión sabia, debido al inconveniente de su posición desfavorable ante el nuevo tipo de tráfico de carga. En vez de competir en un nuevo mercado, los recursos de la ciudad se orientaron a otros fines, primariamente a convertirse en un centro financiero líder en la costa oeste, a través del fomento de la construcción de altos rascacielos para espacios de oficinas.
  • La tecnología de voz en canal de datos (VoIP) fue disruptiva. En condiciones favorables, la calidad de la voz disponible en este sistema de telefonía es por lo menos tan buena como la que ha ofrecido la alámbrica.

La innovación NO tecnológica complementa la innovación tecnológica. Las empresas norteamericanas son más ágiles para reestructurar sus métodos organizacionales y gerenciales para maximizar el empleo de cada nueva tecnología.


Otros ejemplos de innovaciones disruptivas

Innovación disruptiva Tecnología desplazada o marginada Observaciones
Motores de vapor y de combustión interna Caballos y humanos (para empujar y cargar) A las máquinas les tomó siglos establecerse, pero eventualmente hicieron que la fuerza animal y humana fuera obsoleta en términos de sus nuevas capacidades para escalar las potencias y proporcionar mayor confiabilidad.
Automóviles Caballos (para el transporte) Las primeras carreteras fueron diseñadas para caballos, no para automóviles. Sin embargo, el potencial, mayores ventajas, confiabilidad y velocidad ofrecido por el automóvil, determinó que el sistema de carreteras fuera eventualmente rediseñado en favor del automóvil, después de rebasar grandes obstáculos técnicos y políticos.
Publicación por computadora Publicación tradicional Los primeros sistemas no podían igualar a las imprentas de alta calidad en opciones ni en calidad. Sin embargo, redujeron el costo de entrada al negocio de publicar, y las economías de escala les permitieron eventualmente alcanzar, primero, y rebasar luego, la funcionalidad de los sistemas antiguos dedicados a la publicación.
Semiconductores Bulbos Los sistemas electrónicos construidos con semiconductores requieren menos energía, son más pequeños y confiables que los bulbos. Sin embargo, para aparatos de altas potencias, los semiconductores no siempre están disponibles o requieren un diseño más complicado.
Circuitos integrados Componentes discretos Circuitos electrónicos de integración a mediana escala como los flip–flop, construidos sobre un solo sustrato, requieren menos energía, son más chicos y confiables que los construidos con componentes diversos (diodos y transistores, p. ej.).

 

No todas las tecnologías que han sido promovidas como innovaciones disruptivas han prosperado tan bien como sus promotores lo habían esperado. Sin embargo, algunas han estado presentes apenas por unos años y su suerte final no ha sido determinada todavía. Una lista breve de ejemplos es:

  • ‘Bajar’ música y compartirla vs. discos compactos.
  • Libros elecrónicos vs. libros impresos en papel.
  • VoIP vs. telefonía tradicional y móvil.
  • Computación reconfigurable (como parte de un enfoque de paradigma dual a computación de alto rendimiento) vs. computación tradicional basada exclusivamente en el paradigma de la máquina de Von Neumann.

Implicaciones en los negocios

Las tecnologías disruptivas no siempre lo son para los clientes, y frecuentemente les toma un largo tiempo antes de que se conviertan en efectivamente disruptivas para las empresas establecidas. Son frecuentemente difíciles de reconocer. De hecho, como el mismo Christensen ha indicado y diversos estudios validan, es con frecuencia enteramente racional que las empresas ignoren innovaciones disruptivas, pues se comparan muy pobremente con tecnologías o productos existentes, y el engañoso mercado que inicialmente pueden capturar es por lo general demasiado pequeño, si se compara con el de la tecnología establecida. Y aun en el caso en que una innovación disruptiva sea reconocida, los negocios ya establecidos serán generalmente renuentes a tomar ventaja de ella, ya que ello implicaría competir con su propia tecnología, la que en ese momento es más rentable. Christensen recomienda que las firmas ya existentes observen dichas innovaciones, inviertan en empresas pequeñas que puedan adoptarlas y continúen empujando las demandas de tecnología madura en su mercado principal, de modo que su rendimiento se mantenga por encima de lo que la tecnología disruptiva puede ofrecer.

Las tecnologías disruptivas, al mismo tiempo, pueden ser parcialmente disruptivas. Los ejemplos incluyen a la fotografía digital (el brusco deterioro en la demanda de consumo de película común ha tenido un efecto dañino pero no definitivo) y la telefonía de IP/internet, donde la tecnología de reemplazo no ofrece —y tal vez no podrá ofrecer— el reemplazo práctico de todos los atributos no obvios del sistema más antiguo (operación sostenida durante caídas del sistema eléctrico, acceso prioritario de seguridad nacional, mayor grado de obviedad de que el servicio puede ser crítico para la preservación de vidas y, por lo tanto, merecedor de más altas prioridades de restauración en caso de catástrofes, entre otros).

Como señala Eric Chaniot, vicepresidente mundial de HP, tan pronto las compañías de tecnologías existentes empiezan a salir del mercado, las tecnologías disruptivas están en grave peligro. Una de las maneras de prevenir la extinción de la innovación disruptiva es reconocer sus especificidades y crear las condiciones apropiadas para que puedan desarrollarse en compañías ya existentes. Al fallar en hacerlas crecer no se incurre en una fatalidad; es simplemente un asunto de avispar la conciencia y tener buenas prácticas de gestión.

Innovación no tecnológica

La innovación tecnológica es un fenómeno fundamental del desarrollo de las empresas, de la competitividad de las naciones, y por ende de los asuntos relacionados con el crecimiento del bienestar y la paz social. Sin embargo, no toda la innovación es tecnológica. Los principales —pero de ninguna manera exclusivos— rubros de innovación que no se consideran generalmente relacionados con la innovación tecnológica suelen ser:

  • La innovación de los procesos (desde el diseño hasta la distribución).
  • La innovación en la organización gerencial (modernización de los mecanismos de evaluación, vinculación con universidades, estímulos internos a la productividad), etc.
  • La innovación en la conquista de mercados (diseño de empaques, campañas publicitarias, estrategias de mercadeo, etc.).

Este asunto está ampliamente debatido pero no hay acuerdo en las ‘áreas grises’, es decir, entre la innovación tecnológica del producto y la modificación de las estrategias para penetrar nuevos mercados, por ejemplo. Estos conceptos, que varios estudiosos consideran no tecnológicos, en realidad están indisolublemente ligados al proceso de innovación tecnológica de las empresas, y a su vez, los esfuerzos de innovación tecnológica podrían ser en vano sin aquéllos. Un ejemplo de innovación no tecnológica pero indisociable de ella, son los novedosos mecanismos para financiarla. Así, la penetración de las fuentes nuevas y renovables de energía en las empresas ha sido muy lenta, pues no se tienen los estímulos económicos para alcanzar el ‘nivel de entrada’ que haría, en teoría, que la empresa aprendiera a explotarlas. Sin embargo, con los importantes estímulos financieros que ofrecen las empresas privadas proveedoras de energía (en pequeñas cantidades), la penetración de las energías renovables como parte de las soluciones de generación distribuida, va en claro aumento.

La innovación no tecnológica es un elemento muy importante en las actividades innovadoras de la empresa, desde que suplementan y hasta complementan la innovación tecnológica, particularmente en la introducción de nuevos productos y procesos. Diversos estudios analizan la manera en que las actividades de innovación no tecnológica se presentan y diseminan en las empresas, así como su influencia en los niveles de éxito en la introducción de la innovación tecnológica, y las conclusiones en general son muy interesantes. Para empezar, se advierte que los motivadores para que una empresa inicie la innovación tecnológica suelen ir acompañados por un esfuerzo congruente de innovación organizacional y de mercadeo. Sin embargo, solamente se detectan pequeños efectos de la innovación no tecnológica en los márgenes de utilidad de las empresas, en contraste con el efecto poderoso en ese indicador como resultado de la innovación tecnológica. De cualquiera manera, el éxito de ésta es propiciado por la innovación no tecnológica como la creación de procesos de financiamiento, las reducciones de costos y la conquista de mercados, entre otras acciones.

En trabajos documentados en la Unión Europea se indica que el avance de los Estados Unidos sobre Europa en el crecimiento de la productividad, no es sólo resultado de la innovación tecnológica. Las empresas norteamericanas parecen ser más ágiles para reestructurar sus métodos organizacionales y gerenciales, con el propósito de maximizar sus utilidades en el empleo de nueva tecnología. De cualquier manera, cuando se evalúan los países europeos de manera individual, hay algunos que han mejorado sustancialmente su posición económica con una mayor atención a los aspectos no tecnológicos de la innovación. Sin embargo, no es claro que emerja una recomendación contundente sobre la naturaleza o el equilibrio entre los esfuerzos de innovación tecnológica y no tecnológica que pudiera indicar reglas generalizables.

En muchos casos, los nuevos modelos de negocios, modos de entrega inéditos y la integración de la gerencia de productos y marcas, son elementos cruciales para la transformación de la innovación tecnológica en mercados nuevos. La innovación no tecnológica bien puede considerarse el ‘eslabón perdido’ que impide que Europa adquiera ventajas completas sobre el empleo de las nuevas tecnologías. Es por ello que se renueva el interés en hacer propio el pensamiento de que los cambios tecnológicos y sociales van de la mano. En ese sentido, es notable que incluso la versión actual del manual de Oslo, que es la base teórica para la evaluación de los esfuerzos nacionales en ciencia, tecnología e industria, no define a las empresas que solamente introducen innovaciones no tecnológicas como innovadoras, reportando esas acciones como nuevos cambios organizacionales, nada más. Con base en las revisiones en curso del manual de Oslo, es probable que en el futuro las evaluaciones incluyan a la innovación no tecnológica. Y en general, el tema de los equilibrios deseables entre innovaciones tecnológicas y no tecnológicas probablemente esté mejor documentado en el futuro, ello permitiría reorientar las políticas de Estado. Sin embargo, debido a las limitaciones de la información estadística disponible por ahora, la innovación no tecnológica no suele incluirse en los estudios de los esfuerzos de modernización del sector productivo, y por ello no disfruta de los estímulos económicos y fiscales propios de la innovación tecnológica.

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Perfil:

José Luis Fernández Zayas Ingeniero mecánico electricista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y doctor en ingeniería por la Universidad de Bristol, Inglaterra. Ha establecido centros privados de diseño de ingeniería y dirigido empresas productoras de equipo electromecánico. Fue gestor de energía en el Programa de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo Iberoamericano (Cyted, 2011) y director del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt (2012) y de Investigación Científica y Tecnológica y Medio Ambiente de la Secretaría de Energía (Sener). Es miembro de la Academia e Ingeniería de México e investigador del Instituto de Investigación de Ingeniería de la UNAM.

Nota:

Artículo tomado del libro Responsabilidad social. Múltiples perspectivas, un sólo propósito, editado por Compite, Concamín y la SE. Se reproduce con autorización del coordinador editorial del libro, Santiago Macías Herrera.

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Vinculación tecnología–productividad, reto para el desarrollo. II.

José Luis Fernández Zayas

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Innovación en los negocios

La innovación es la principal fuerza impulsora de la actividad del emprendedor, y por tanto, de la creación de pequeños negocios, que son en realidad el motor más dinámico de toda economía emergente. Cuando una persona se encuentra con una idea que no ha sido explorada con anterioridad, a veces un nicho de mercado que las grandes empresas no han sabido explotar, esa persona puede estar en el umbral de transformar la idea en una organización emprendedora exitosa. “Las ideas son el combustible que mantiene los fuegos empresariales al rojo vivo”, escribió hace tiempo I. Satya Sreenivas en la revista The Business Journal. “Los emprendedores más audaces se dan cuenta de que las ideas se pueden originar en cualquier momento y en cualquier lugar, y una idea al azar puede ser más valiosa que un proyecto de investigación bien llevado a cabo.”

Por supuesto, no todas las ideas novedosas tienen el potencial de convertirse en negocios exitosos. Incluso hay casos conocidos en que individuos con ideas buenas, aparentemente relevantes al mercado, fallan por no conseguir a tiempo los recursos financieros para convertir sus ideas en realidad. De cualquier manera, en muchas instancias la innovación es un primer paso necesario para que los pequeños negocios tengan éxito. Más aún, los empresarios ya no pueden darse el lujo de dejar de innovar una vez que hayan desarrollado un negocio exitoso. Así, la innovación se aplica no sólo a los nuevos negocios y a las nuevas ideas, también al devenir interno de todo negocio. Los dueños de negocios exitosos innovan continuamente en términos de sus sistemas internos y sus procesos, con el fin de crear y mantener una fuente de ventaja competitiva. “La economía global requiere que las compañías generen una corriente continua de nuevos productos, nuevas tecnologías, nuevos sistemas y servicios”, afirmó en su momento Claus Weyrich en Electronic News. “Y el concepto de innovación debe aplicarse a otras cosas además de los productos.”

De acuerdo con Weyrich la innovación sostenida en una organización requiere un entendimiento cabal de las competencias básicas de la empresa, una cultura de innovación corporativa y un enfoque sistémico. Y describe tres fases de la innovación:

  1. La invención, cuando las ideas son generadas por primera vez.
  2. La implementación. Las mejores ideas se seleccionan para ser desarrolladas en todo lo posible.
  3. La penetración del mercado, cuando las ideas se explotan para ganancia comercial.

Este proceso es continuo, con un canal de retroalimentación al final de la tercera fase para regresar a la primera.

Los diversos estudiosos del tema concuerdan en que las empresas de cualquier tamaño deben darle a la innovación un contexto más amplio que simplemente los esfuerzos tradicionales de investigación y desarrollo; deben manejar todo el proceso de innovación en una forma estructurada. “Las empresas deben establecer procesos continuos de innovación y un intercambio de ideas a lo largo y ancho de toda la empresa, que asegure que la información y las capacidades requeridas para crear, mercadear y dar servicio a productos novedosos que estén disponibles y accesibles a cualquiera que los requiera”, afirmó el articulista Ken Cotrill en la revista Chemical Week. “Si todas las personas capaces de extraer valor de un nuevo producto o una nueva tecnología están al tanto de toda la información necesaria, hay menos posibilidades de que las oportunidades se desperdicien.” Hacer uso de los recursos de información disponibles dentro de una compañía permite que los empleados se beneficien de la ‘memoria corporativa’. Ellos están así más capacitados para enfocarse en una innovación, porque están informados de qué han hecho otros de la misma empresa antes que ellos.

Es muy importante incluir a toda la compañía en el proceso de innovación, pues el germen de la idea puede surgir en cualquier lado, y las mejores ideas son las que suelen salir de una combinación novedosa de áreas funcionales. El establecimiento de una estructura de trabajo en red puede producir un marco de referencia apropiado para la innovación que se busca. Una estructura de red incluye a grupos de trabajo cruzado dentro de la propia empresa, ligas cruzadas entre los diversos grupos, y puede además incluir relaciones con individuos y grupos externos como asesores, proveedores y clientes. “Las empresas de cualquier tamaño pueden adoptar este enfoque para favorecer la innovación”, dice Cottrill. “No existe un proceso estándar para establecer estas redes, ya que se configuran de acuerdo con los objetivos de negocio de cada compañía y su estructura organizacional. Sin embargo, los individuos que integran estos grupos están unificados por una misión en común, y están en comunicación frecuente.”

Los negocios pequeños encaran un cierto número de obstáculos para alcanzar la innovación efectiva, de los cuales los más obvios son el financiero, el conocimiento y los recursos humanos apropiados. Sin embargo, diversos estudios indican que la falta de un alineamiento estratégico y de procesos bien definido, que pueda ser abordado y resuelto por empresarios talentosos y determinados, pueden llegar a propiciar mayores obstáculos para la innovación. De hecho, uno de los factores más importantes para promover la innovación a lo ancho de toda la empresa, es el apoyo del dueño del pequeño negocio. “Las sinapsis de una corporación pueden estar zumbando con nuevas ideas creativas e iniciativas, pero sin el apoyo de los mandos más elevados, este esfuerzo puede perder momentum, y la innovación queda frustrada”, opina Cotrill.


El tránsito de la nueva idea a un concepto realizable en el sector productivo es central en la innovación tecnológica, es la traducción al lenguaje de los negocios, en especial a la situación específica de la empresa que intenta desarrollarla.


Tecnología

“Tecnología (del griego τεχνολογία, de τεχνολόγος, de τέχνη, arte, y λόγος, tratado). 1. f. Conjunto de conocimientos y medios técnicos aplicados al desarrollo de una actividad; particularmente industrial: ‘Tecnología química’. En especial si son avanzados y complejos. 2. Vocabulario técnico de una actividad. Tecnología de punta: la más avanzada.” (María Moliner, op. cit.)

No sobra agregar dos derivados importantes:

“Tecnológico, –a adj. De [la] tecnología: ‘Avances tecnológicos’.”

“Tecnólogo, –a n. Persona dedicada a la tecnología.”

¿Qué es lo que el día de hoy se distingue como tecnología?

La tecnología es el proceso mediante el cual los seres humanos modifican la naturaleza para satisfacer sus necesidades y sus deseos. Sin embargo, la mayor parte de las personas piensan la tecnología en términos de dispositivos o artefactos como computadoras, software, aviones, pesticidas, plantas de tratamiento de aguas residuales, píldoras de control natal y hornos de microondas, por nombrar unos pocos. Sin embargo, la tecnología es mucho más que estos productos tangibles.

El desarrollo de la tecnología incluye toda la infraestructura necesaria para el diseño, las operaciones de manufactura, así como las reparaciones de artefactos; desde las oficinas corporativas de las direcciones de las empresas y las escuelas de ingeniería, hasta las plantas de manufactura y los talleres de mantenimiento. El conocimiento y los procesos empleados para crear y operar artefactos tecnológicos —conocimiento de ingeniería, expertez en manufactura, y varias destrezas técnicas— son también una parte importante de la tecnología.

La tecnología es un producto de la ingeniería y la ciencia, o sea, del estudio del mundo natural. A la ciencia se le podrían asignar dos facetas o responsabilidades diferentes y complementarias: (1) un conjunto de conocimientos que ha sido acumulado a lo largo de los años, y (2) un proceso riguroso (método científico) de indagación que genera conocimientos sobre el mundo, la naturaleza. Por su parte, la ingeniería también consiste en un conjunto de conocimientos organizados, en este caso, para el diseño y la creación de productos y servicios creados con el fin explícito de resolver problemas. La ciencia tiene la misión de entender los porqués y los cómos de la naturaleza, al tiempo que la ingeniería procura configurar el mundo natural de acuerdo con las necesidades y los deseos de los hombres. En este tenor, se podría decir que la ingeniería se define como un ‘diseño sujeto a restricciones’, al tiempo que la ciencia, a través de las leyes inmutables de la naturaleza, integra algunas de las consideraciones limitantes que los ingenieros deben entender y atender. Entre las otras restricciones aparecen los costos, la confiabilidad, la seguridad, el impacto ambiental, la facilidad de empleo, la disponibilidad de recursos humanos y materiales apropiados y oportunos, la factibilidad técnica de fabricar, las regulaciones gubernamentales, las leyes, y además, la política partidista. Pues bien, la tecnología involucra necesariamente a la ciencia y a la ingeniería; los estudiosos de la tecnología asocian, asimismo, el término de innovación con mucha frecuencia.

Como se ha visto, no toda la innovación es tecnológica, pero es precisamente la innovación tecnológica —centro de esta reflexión— la que ha dado importancia mundial creciente a la capacidad de hacer tecnología. Nadie duda que los países más avanzados, que exhiben los mejores niveles de vida, suelen ser dueños de una vasta gama de tecnologías, y al mismo tiempo, disponen de las condiciones y procedimientos necesarias (leyes, tradiciones, infraestructura y cultura social) para convertir esas tecnologías en progreso económico y social, y por tanto, para mejorar de manera continua sus niveles de bienestar.

Por tanto, la innovación tecnológica juega un papel muy importante en el desarrollo de las economías competitivas; por lo mismo, la importancia global de la innovación tecnológica es cada día mayor. El tema de la mundialización de la tecnología merece un capítulo aparte. Sin embargo, en éste de definiciones conviene agregar que los estándares de innovación tecnológica, que en parte definen los gobiernos y en parte los mercados, atienden cada día más a la capacidad organizada de los Estados y se expresan a través de una organización cada día más importante y poderosa, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La OCDE analiza, asesora y coordina, cuando se le solicita, el desarrollo de esquemas modernos de innovación tecnológica en los Estados, y produce informes públicos periódicamente con estas experiencias y con datos estadísticos del progreso de las naciones y del mundo en su conjunto.

Las áreas de interés de la OCDE en materia de ciencia, tecnología e industria, que corresponden con precisión a la capacidad de hacer innovación tecnológica de los países, son reportadas con análisis cuidadosos mediante técnicas estadísticas internacionalmente aceptadas; asimismo, contienen amplios estudios en las áreas de investigación, desarrollo, inversiones en conocimiento, desarrollo de recursos humanos en ciencia y tecnología, políticas y desempeño de la innovación, ciencias y técnicas de la información, internacionalización de la ciencia y la tecnología, flujos mundiales de conocimiento, y finalmente productividad y comercio (además del rubro ‘otras tecnologías’). Conviene recordar que la OCDE organiza, entre otras, la prueba PISA de evaluación a las capacidades de aprendizaje en niños, que en México cobró importancia con el inicio del milenio. Puede adelantarse la necesidad de establecer claros vínculos entre la capacidad de investigar y pensar (desarrollo de conocimientos), la innovación tecnológica y la competitividad de las ciudades, las regiones y las naciones.

Tecnología disruptiva o innovación radical

Cuando se pretende abordar las definiciones de los cambios importantes en una empresa por la introducción de una tecnología disruptiva o de punta, es más difícil que hasta ahora mantener los dos términos (innovación y tecnología) separados. Y es que se producen cambios muy importantes que hacen muy difícil mantener en pistas separadas la invención de una idea, y la variedad y complejidad de los procesos para pasar de la idea a la práctica.

Una tecnología disruptiva o una innovación disruptiva es la innovación tecnológica en un producto o servicio (o sistema o actitudes, no se seguirá repitiendo) que eventualmente da un giro importante al dominante o existente estado de cosas en el mercado. Las innovaciones disruptivas pueden clasificarse, de manera muy gruesa, en perturbaciones tecnológicas de ‘bajo nivel’ y de ‘nuevo mercado’. Una innovación tecnológica disruptiva de nuevo mercado está generalmente orientada al no consumo, mientras que la de bajo nivel suele ser motivada por una parte de un mercado establecido de consumo, pero que fue ignorada por las principales empresas abastecedoras. Hay ocasiones que una tecnología disruptiva llega a dominar un mercado que ya existía, ya sea por llenar una función que la tecnología desplazada no podía satisfacer (que así ocurrió con los discos compactos avanzados, más pequeños pero más caros, que propulsaron la industria de las notebook en los años 80) o mediante mejoras graduales en los rendimientos hasta que finalmente se desplaza a los ocupantes tecnológicos del mercado establecido (por ejemplo, la fotografía digital, que paulatinamente desplazó a la fotografía de película fotosensible).

Estos conceptos comparten muchas características con la evolución biológica.

Por el contrario, las innovaciones sistemáticas o continuas, que tienden a perpetuar una cierta tecnología con mejoras continuas, incrementan el valor del rendimiento de los productos establecidos. Por ello, las tecnologías de mejora continua son frecuentemente incrementales; sin embargo, también pueden ser radicales, discontinuas o de características intermedias (como el caso del automóvil a gasolina, que ha mejorado de manera espectacular en casi un siglo; hay quienes piensan que los motores híbridos son cambios radicales, aunque también existen quienes no lo consideran un asunto relevante).

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Perfil:

José Luis Fernández Zayas Ingeniero mecánico electricista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y doctor en ingeniería por la Universidad de Bristol, Inglaterra. Ha establecido centros privados de diseño de ingeniería y dirigido empresas productoras de equipo electromecánico. Fue gestor de energía en el Programa de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo Iberoamericano (Cyted, 2011) y director del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt (2012) y de Investigación Científica y Tecnológica y Medio Ambiente de la Secretaría de Energía (Sener). Es miembro de la Academia e Ingeniería de México e investigador del Instituto de Investigación de Ingeniería de la UNAM.

Nota:

Artículo tomado del libro Responsabilidad social. Múltiples perspectivas, un sólo propósito, editado por Compite, Concamín y la SE. Se reproduce con autorización del coordinador editorial del libro, Santiago Macías Herrera.

 

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Vinculación tecnología–productividad, reto para el desarrollo

José Luis Fernández Zayas


Una de las características predominantes del sistema mexicano de innovación tecnológica —y no tecnológica— es el bajo nivel de financiamiento público, comparado con casi cualquier país del mundo desarrollado. Tristemente, el patrón se repite en la iniciativa privada que prefiere depender —comprar tecnología— antes que invertir en I+D.

El presente artículo es una reflexión de muy amplio espectro sobre la relación entre productividad e innovación que suele mirarse con desdén porque se asume como un binomio evidente, o porque no se disciernen causalidades relevantes. Se despacha así una crítica y la posterior enmienda: (en palabras del autor:) “La idiosincrasia que priva en México no favorece la innovación tecnológica.”

La displicencia con que se mira el asunto en diversos sectores —menos en los de alta tecnología, investigadores y desarrolladores, y en unos cuantos que pican piedra— trae como consecuencia que la productividad cargue también con ese lastre para no repuntar.


La relación entre tecnología y productividad ha sido muy estudiada y documentada, dada su gran importancia en la competitividad de las empresas y, en general, de toda acción humana. De esta manera, ocupa un lugar privilegiado en la literatura especializada, tan sólo en el índice de revistas arbitradas de la familia Elsevier se publican unos 2,500 artículos cada año, con un incremento en los últimos cinco años del orden de 10% anual. Abarcar este volumen para estudio, es imposible, por lo que aquí se procurará abordar solamente los asuntos más relevantes para la empresa mexicana, y al final se hará una breve recapitulación sobre la consecuencia que la falta de competitividad tecnológica tiene para México en el conjunto de las naciones del mundo.

Una primera consideración de importancia es que, con ciertas variaciones entre las ramas de la economía, hay una casi invariable correspondencia entre las mejoras efectivas en las aplicaciones de tecnología en un proceso o producto, y una mejora en la productividad. Así, interesa no sólo la incorporación sistemática de cambios tecnológicos, también que estos sean atinados. La manera de medir qué tanto tino se tiene, es precisamente por su relevancia en la actividad económica de la empresa. Una variación en tecnología que no representa una ventaja de mercado es irrelevante, aunque si representa una inversión o un gasto, esta erogación puede considerarse como pérdida. Los expertos hablan, por tanto, de innovación tecnológica como aquella mejora en el proceso o producto que se refleje en un mejor estado de los resultados financieros. En otras palabras, la innovación es la primera vez que un conocimiento nuevo se manifiesta en una ventaja de mercado.

Hay innumerables propuestas sobre las formas de identificar y medir la innovación tecnológica, que es una actividad netamente económica que suele incorporar variaciones mensurables en la instrumentación técnica del proceso o producto. Por un lado, la fase tecnológica y su implantación representan el empleo inteligente de los conocimientos, abren espacios crecientes en la actividad productiva para la participación de centros de investigación y desarrollo (I+D) que, de manera creciente, se enfocan a la parte de innovación (I+D+i). Por otro lado, además de las fases relevantes para las ciencias sociales en el aparato productivo (economía, sociología, antropología) y la humana (psicología), surgen elementos subjetivos y no precisos de medir y evaluar.

La innovación tecnológica es, hoy en día, una moda, una necesidad, una política pública, una forma legítima de hacerse de una ocupación bien remunerada, y además de todo eso, un objeto de profunda atención y estudio en los centros de investigación, en las universidades y en los grupos de análisis de los gobiernos. Por tanto, es objeto de reflexión internacional continua, de desarrollo de nuevas reglas de convivencia (y estándares), de medición, exportación y acreditación. Sin embargo, no son pocas las escuelas de pensamiento que han surgido en diferentes partes del mundo para tratar de conectar este concepto con los demás criterios de toma de decisión política, económica, social y académica. Efectivamente, no hay uniformidad de percepciones en las diferentes regiones del mundo, aunque los esfuerzos por homologar las principales nociones avanzan con éxito.

Este texto tiene como propósito presentar la innovación tecnológica, desde un punto de vista de quien no es especialista, una visión moderna y relevante a las circunstancias de México. Se plantea también como tema de estudio, que ya lo es en las principales universidades de este país, y con resultados espléndidos desde los puntos de vista académico, de contribución a la política pública y de asesoramiento a los diversos organismos interesados en hacer del progreso tecnológico una política pública; se trata de destacar las enormes oportunidades que el asunto de la innovación tecnológica encierra para hacer carrera profesional, crear riquezas y empleos de alta calidad, y propiciar que el país remonte los bajísimos niveles de competitividad internacional que hasta ahora se le asignan.

Una parte muy importante de la literatura especializada proviene de las ciencias económicas y sociales, pero hay aportaciones de importancia medular del mundo de las ciencias básicas y la ingeniería, incluso de las humanidades y las artes, así como de otras áreas del interés humano como la psicología y el sentido común. Sin embargo, hay algunos aspectos básicos que se abordan muy rápidamente en estos primeros párrafos.

La innovación de los productos y servicios (y algunos añaden sistemas, soluciones, valores y actitudes, entre otros) es una actividad central que requiere incorporar la creatividad, la facultad de formular nuevas ideas y su oportuna articulación en los mercados. En general, la innovación es frecuentemente el resultado de llevar al mercado una nueva forma de proveer beneficios y valor añadido (o agregado) al cliente, o bien, de resolver problemas de tal manera que se pueda obtener un beneficio económico de la inversión.

Se ha escrito mucho sobre la innovación y la necesidad de que las personas en las empresas se vuelvan más innovadoras en su pensamiento, así como en su concepción de los asuntos de los negocios. Si bien esta preocupación es un elemento importante de la empresa moderna, no es necesariamente suficiente para alcanzar resultados destacados. Constantemente vemos que los productos y servicios más exitosos son una afortunada mezcla de las necesidades percibidas de los clientes y los mercados, aparejadas con las innovaciones tecnológicas y de los procesos productivos y de negocios que, en conjunto, proporcionan una ventaja competitiva. En otras palabras, la innovación tecnológica (y las innovaciones complementarias necesarias) es la palanca que hace comercialmente atractivas las nuevas ideas.

Hay dos aspectos íntimamente relacionados con el proceso innovador: en primer lugar, inventar, que significa encontrar una cosa nueva o una manera de hacer una cosa de forma distinta y antes desconocida, que debe exhibir ventajas sobre la cosa similar o la manera conocida. También podría decirse ‘idear’ para significar ‘formular una idea nueva’.

Hay un mecanismo que no está muy bien entendido, pero que es muy necesario en este proceso de innovar, y es el tránsito necesario de la nueva idea a un concepto de alguna manera realizable en el sector productivo. Una tarea central en la ocupación de la innovación tecnológica es traducción, expresión en el lenguaje de los negocios, y en especial de la empresa que está procurando hacer negocio con esa nueva idea; se trata de descubrir cómo ésta es relevante a su tarea empresarial, y cómo es posible desarrollarla comercialmente.

El segundo concepto a desarrollar se llama innovación. Como se ha dicho, innovar significa llevar a cabo las cosas de manera creativa. Sin embargo, la innovación no es sólo la invención, involucra el premio del mercado, la aceptación comercial y, al final y sin manera de evitarlo, las utilidades económicas crecidas como resultado de aplicar la creatividad. Por eso, como ya se dijo, sin incremento en la utilidad económica, todo lo demás es ciertamente irrelevante.

Como ilustra la figura 2, se trata de hacer coincidir las capacidades tecnológicas (sean de la empresa, del dominio público o rentadas) con las oportunidades del intercambio comercial. En algunos segmentos del mercado o sectores industriales, donde la tecnología (tecnología de la información y comunicaciones, TIC; tecnología de los productos, o de los procesos) es un motor principal, la invención y los instrumentos de control y comercialización de la innovación son claves para alcanzar el éxito. En fin, se trata de llevar ideas nuevas, incorporarlas a productos o servicios, rápida y efectivamente. Quien lo hace por primera vez es un innovador, y conforme la economía de los países se apoya y se beneficia de estos procesos de innovación tecnológica, se premia y se reconoce más efectivamente.

Así es como se vincula la innovación tecnológica con los procesos de globalización: en la medida en que el comercio se internacionaliza, así ocurre con los diversos factores de la producción de recursos y por tanto de ideas y valores.


Una variación en tecnología que no representa una ventaja de mercado es irrelevante. En este sentido, innovación es la primera vez que un conocimiento se manifiesta en una mejora estratégica.


Aspectos conceptuales de la innovación

De acuerdo con la respetada definición de María Moliner (Diccionario del uso del español, Editorial Gredos), innovar se define así: “1. Introducir novedades en alguna cosa; cambiar, descubrir, explorar, inventar, original, reformar. 2. (antiguo) Renovar.” También, se aceptan las siguientes delimitaciones:

  • Innovación incremental. Es la que se presenta cuando alguna cosa, proceso o producto (o servicio o actitud) se adapta o se modifica. Esto puede significar que una idea antigua sea transferida a un contexto moderno, o que ideas ya existentes sean incorporadas a contextos novedosos.
  • Innovación radical, discontinua o disruptiva. La que involucra ideas completamente nuevas.

El desarrollo de algo innovador puede ser un proceso individual, pero es realmente una excepción. Es más frecuente observar a grupos de personas que adoptan diversas facetas del proceso innovador, sacando ventaja de sus fortalezas individuales, pero con beneficio para todos los involucrados su función particular en una organización determinada.

Por lo anterior, se puede afirmar que la innovación es una actividad compleja que puede integrarse en muchos elementos, cada uno con características peculiares, pero que obtiene valor real en el contexto de conjunto. Rara vez la innovación es una acción simple, individual y aislada. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ofrece una definición de este proceso que se ha vuelto la oficial en el mundo de la investigación, el desarrollo y la innovación.

La OCDE establece que las actividades de innovación son todos los pasos científicos, tecnológicos, organizacionales, financieros y comerciales que deben tomarse para llevar a la implementación de innovaciones. Algunas actividades de innovación son en sí mismas innovadoras, mientras que otras no son realmente novedosas, pero resultan necesarias par la implementación de la innovación. Las actividades de innovación también incluyen investigación y desarrollo que no está directamente relacionado con el desarrollo de una innovación específica.

En economía, en el mundo de los negocios y en políticas públicas, ‘algo nuevo’ debe ser sustancialmente diferente, y no solo un cambio insignificante. En el campo de la economía, el cambio debe incrementar el valor intrínseco, el valor al cliente o al productor. Las innovaciones son concebidas para hacer que a alguien le vaya mejor, incremente sus niveles de bienestar o de riqueza o ambos. La secuencia de muchas innovaciones hace que la economía en su conjunto crezca.

Como se ha afirmado, el término de innovación puede referirse a cambios radicales o incrementales en los productos, servicios o procesos. El propósito frecuentemente no mencionado de la innovación, es resolver un problema. La innovación es un tópico de importancia en el estudio de las ciencias económicas, los negocios, la tecnología, la sociología, y desde luego la ingeniería. Ya que la innovación es considerada un promotor principal de la economía, los factores que llevan a la innovación también son considerados como críticos por los tomadores de decisiones políticas en la mayor parte de los países del mundo.

En el mundo de los negocios —donde se lee la Small Business Enciclopaediala innovación tiene una característica inevitable en el proceso de creación de riqueza, la de ser un producto, un servicio o una idea que se percibe por los consumidores como nueva. Esto es, se expresa invariablemente en el mercado, no en otro sitio. Así, hay diversas magnitudes de innovación. Por ejemplo, adicionar una cierta cantidad de salvado u otro grano orgánico a una marca ya conocida de cereal para el desayuno, se considera una ‘innovación continua’, ya que constituye una leve variación a un producto ya existente, con pequeño impacto en el mercado. Esta consideración es contraria a la ‘innovación radical, discontinua o disruptiva’, como en el surgimiento de la computadora personal, que produjo un gran impacto social. Algunas empresas han tratado de impresionar a sus clientes anunciando innovaciones radicales que en realidad no lo son, con lo que han tenido descalabros importantes, como cuando se anunció la ‘nueva’ Coca–Cola, que no lo fue. Así, una estrategia innovadora es la que permite a una firma emplear la innovación continua para mantenerse siempre un paso adelante de la competencia, como lo hacen en México, por ejemplo, Cemex y Bimbo.

La terminología de la innovación es vasta y crece continuamente. Para el lector interesado en este tema, se sugiere que busque los significados de términos vinculados, por ejemplo: procesos de adopción tecnológica, difusión, adopción temprana e innovador ‘jalado’ del mercado. Algunos otros conceptos, más inmediatamente relevantes a este texto, se abordan a continuación.

Dé clic aquí para leer la segunda de cuatro partes.

 

Perfil:

José Luis Fernández Zayas Ingeniero mecánico electricista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y doctor en ingeniería por la Universidad de Bristol, Inglaterra. Ha establecido centros privados de diseño de ingeniería y dirigido empresas productoras de equipo electromecánico. Fue gestor de energía en el Programa de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo Iberoamericano (Cyted, 2011) y director del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt (2012) y de Investigación Científica y Tecnológica y Medio Ambiente de la Secretaría de Energía (Sener). Es miembro de la Academia e Ingeniería de México e investigador del Instituto de Investigación de Ingeniería de la UNAM.

 

Nota:

Artículo tomado del libro Responsabilidad social. Múltiples perspectivas, un sólo propósito, editado por Compite, Concamín y la SE. Se reproduce con autorización del coordinador editorial del libro, Santiago Macías Herrera.

septiembre 20, 2018 0 comment
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Cómo generar experiencia real y conocimiento técnico para universitarios en 6 sigma esbelto

Adquirir experiencia en el uso de herramientas estadísticas de mejora de la calidad en situaciones reales, puede significar una ventaja para los graduados cuando intenten incorporarse al mercado laboral. Es por eso que la Indiana State University ofrece un curso de mejora de procesos de negocio, así como una especialización en 6 sigma esbelto (lean six sigma), dando a los estudiantes la oportunidad de trabajar en proyectos basados en situaciones cotidianas de la industria.

Ken Jones, profesor de operaciones y gestión de la cadena de suministro, dicta el curso de mejora de procesos de negocio que cubre una variedad de técnicas y herramientas de 6 sigma esbelto que las empresas utilizan para entender, analizar y mejorar los procesos y entornos de trabajo. Gracias a una asociación con empresas locales, los estudiantes que toman la clase realizan proyectos con dicho sistema y se convierten en cintas verdes (green belts) certificados. Como ayuda para administrar todos los elementos de sus proyectos y entender mejor los datos derivados de ellos, los estudiantes se apoyan en el software de Minitab.

Bajo la orientación del profesor Ken Jones, los estudiantes de Universidad Estatal de Indiana utilizan las herramientas del software de Minitab como ayuda para realizar proyectos de 6 sigma esbelto.

Experiencia real en el salón de clases

Jones ve la colaboración con socios comerciales externos en proyectos de 6 sigma esbelto como una experiencia positiva para sus estudiantes, quienes tienen la oportunidad de trabajar directamente con los empleados en una variedad de proyectos y así complementar lo que aprenden en el aula. “Las empresas exponen a los estudiantes a situaciones un tanto ambiguas en las que ellos no están completamente seguros al principio de qué herramientas deben aplicar, así que inmediatamente enfrentan el desafío de cómo estructurar el proyecto para resolver el problema de la empresa”, señala Jones. “Después de su exposición a este tipo de situaciones reales, los estudiantes parecen interesarse mucho más en lo que hacen en el aula.”

Jones dice que el componente empírico de los proyectos enseña a los estudiantes lecciones adicionales que no se encuentran en un libro de texto. “El campo de operaciones y gestión de la cadena de suministro es una disciplina de negocios muy práctica”, agrega. “Los estudiantes se marchan de la clase después de haber visto y experimentado cómo funcionan las técnicas de 6 sigma en situaciones reales, y pueden aplicar en el futuro lo que aprendieron.”

Los estudiantes que trabajan en proyectos externos con empresas locales utilizan las herramientas de 6 sigma esbelto disponibles en Quality Companion y Minitab Statistical Software, como ayuda para administrar sus proyectos y analizar los datos de los mismos. También utilizan Quality Trainer, el curso de e–learning de Minitab, para pulir su conocimiento estadístico.

Sirviendo a los necesitados con una mejor administración de inventario

Chaleise Everly, quien cursa una especialización en contabilidad en la universidad, trabajó con Lighthouse Mission, un grupo sin fines de lucro que ayuda a personas que necesitan alimento, refugio y ropa en el área de Terre Haute, con el fin de establecer un sistema de administración de inventario para las donaciones y las ventas en la sede principal y los diversos puntos de venta del grupo. “Lighthouse Mission tenía un sistema de inventario muy débil, así que realmente tuve que empezar desde cero”, comenta Everly. “No había un sistema de archivo claro para las donaciones y las ventas, y la mayoría de los registros estaban escritos a mano.”

Con los mapas de procesos de Quality Companion los estudiantes pueden investigar el estado actual o futuro de un proceso, e identificar fácilmente maneras de optimizar procesos y eliminar desperdicios.

Como eran pocas las mediciones iniciales válidas que estaban disponibles para determinar el volumen actual de donaciones y ventas, Everly comenzó por recopilar y analizar registros de la caja registradora para tener una idea de la diferencia promedio entre las ventas y las donaciones. Después de formar una línea de base y recolectar datos de inventario actuales, utilizó el software de mejora de procesos Quality Companion, para comenzar a estructurar su proyecto. Con la opción ‘Roadmap’ de proyecto de la aplicación, logró definir y seguir las fases del proceso DMAIC y organizar y administrar todas las herramientas que necesitaba en un solo archivo de proyecto. Las herramientas de 6 sigma integradas de Quality Companion y los coaches a solicitud brindaron a Everly la orientación que necesitaba para utilizar las herramientas adecuadas en cada fase.

La opción Roadmap de Quality Companion ayuda a definir las fases del proyecto y organizar y manejar diferentes herramientas de proyecto en una sola ubicación fácilmente accesible.

Con los diagramas de espina de pescado disponibles en Quality Companion, Everly esquematizó las debilidades del sistema actual para registrar, ordenar y vender las donaciones, y logró identificar oportunidades iniciales de mejora. A continuación definió el proceso en curso desarrollando un mapa en el software mencionado, lo que le permitió identificar otras maneras de optimizar el proceso y eliminar el desperdicio. Su análisis reveló que dos puntos de venta estaban olvidando registrar las donaciones y que muchas tiendas estaban codificando incorrectamente los artículos y registrando incorrectamente los costos.

Everly utilizó la información para desarrollar un nuevo proceso utilizando un sistema central computarizado de hojas de cálculo, para registrar el inventario final del día y las ventas de todos los puntos de venta de Lighthouse Mission. El sistema era fácil de usar y permitió estandarizar mucho más la presentación de la información de inventario, lo que contribuyó a mejorar la exactitud de los datos. Luego usó Quality Companion para desarrollar un mapa de estado futuro para los procesos actualizados.

Después de eso, utilizó la matriz de causa–efecto del software para analizar su mapa de estado futuro del proceso, con el fin de identificar los aspectos críticos del nuevo proceso, y dio seguimiento a las actividades del proyecto usando un diagrama de Gantt; con esto mantuvo el enfoque en la tarea.

Las gráficas de control de Minitab Statistical Software ayudan a visualizar los datos del proceso, así como a monitorear la variación de los procesos nuevos y existentes.

“Con Quality Companion nunca me sentí perdida durante el curso de mi proyecto”, afirma Everly. “Tenía toda la información necesaria para saber adónde tenía que ir en cada momento. Todas las herramientas estaban allí y yo sabía dónde y cuándo debía utilizarlas.”

Everly está agradecida por lo que aprendió en el curso de mejora de procesos de negocio, sabe que su experiencia en 6 sigma esbelto beneficiará su carrera profesional. “Como contadora, sé que voy a encontrar problemas de proceso e inventario. Realmente siento que esta experiencia me ha dado una ventaja. Sé que podré usar lo que he aprendido aquí para ayudar a mis clientes a mejorar sus procesos.”

Aunque Lighthouse Mission aún se encuentra en las etapas iniciales de la implementación, el grupo ya está viendo los beneficios de haber establecido procesos uniformes en todas las ubicaciones. Con el nuevo sistema, Lighthouse Mission puede ver una imagen más completa de sus datos de inventario y ventas, ayudando a tomar mejores decisiones.

Mejorando los servicios de terapia ambulatoria

Lisa Hammill, estudiante de la especialización en sistemas de información gerencial en la Universidad de Indiana, trabajó con un hospital local para llevar a cabo un proyecto de 6 sigma que buscaba mejorar el proceso de reinscripción de pacientes para los servicios de terapia ambulatoria. El hospital tenía una instalación de este tipo en el sitio y tres afuera; quería optimizar el complejo proceso de reinscripción de pacientes al principio de cada año en cada una de esas instalaciones. Los procedimientos contables del hospital para los servicios de terapia ambulatoria requerían que todas las cuentas de pacientes se cerraran anualmente, y luego los pacientes actuales debían ser reinscritos al comenzar el año. Este proceso implicaba ingresar manualmente información redundante de los pacientes para crear nuevos números de cuenta.

Trabajando junto a empleados de los servicios de terapia ambulatoria, incluyendo administradores, contadores, gerentes de atención ambulatoria —e incluso un ex alumno de Jones en el curso de mejora de procesos de negocio, a quien el hospital contrató como parte de su equipo de 6 sigma esbelto—, Hammill y su equipo utilizaron el enfoque DMAIC para estructurar el proyecto.

Al igual que Everly, Hammil utilizó Quality Companion como una herramienta de administración y orientación de principio a fin. Para definir el proceso en curso, desarrolló un mapa del estado del proceso en Quality Companion y registró el tiempo que el personal empleaba en cada momento. Al mismo tiempo, Hammill y el equipo compartieron ideas sobre posibles mejoras y oportunidades para automatizar el paso de reinscripción manual, que fue identificado como un cuello de botella en el proceso y una fuente de tiempo malgastado.

“Usamos la automatización para nuestro beneficio, trabajamos con el departamento de programación de citas para pre–entregar una lista de los pacientes que vendrían en los días subsiguientes”, relata Hammill. “Esta lista de personas se podía reinscribir por adelantado, eliminando completamente el paso de reinscripción de su proceso de admisión para terapia ambulatoria.”

El equipo también se centró en eliminar otros pasos del proceso de manera que el personal de inscripción pudiera estar disponible para otros procedimientos de admisión que requieren mucho tiempo, como verificar el seguro del paciente. Una vez implementadas las mejoras en el proceso, Hammill y el equipo evaluaron el procedimiento de la reinscripción y notaron una mejora en la duración del proceso general, así como un ahorro de tiempo en muchos de los pasos individuales.

Utilizando Minitab Statistical Software, Hammill creó gráficas de control para monitorear la variación del nuevo proceso y realizó un análisis adicional de los tiempos del proceso registrados antes y después de las mejoras para demostrar que había una diferencia estadísticamente significativa.

Tras no haber tomado una clase de estadística desde los primeros años de su educación de pregrado, Hammill también usó Quality Trainer, el curso de e–learning de Minitab, para refrescar sus conocimientos de estadística y de las herramientas de análisis de datos que necesitaba para completar las distintas fases de su proyecto. “Necesitaba un buen curso de repaso, y Quality Trainer me ayudó a actualizar rápidamente mis conocimientos de estadística. Me permitió practicar lo que estaba aprendiendo en clase en mi tiempo libre.”

Hammill explica que el proyecto no sólo fue bien recibido por el hospital, incluso el departamento de terapia ambulatoria decidió aplicar los cambios en el proceso que ella y el equipo de calidad recomendaron. “Creo que abrió sus mentes con respeto a lo que se puede lograr con un proyecto de 6 sigma.”

Ofreciendo a los estudiantes un conjunto de herramientas para el futuro

Los estudiantes que toman la clase de mejora de procesos de negocio provienen de una variedad de especializaciones, incluyendo administración de empresas e ingeniería, entre otras, señala el instructor del curso.

“La gente supone que las operaciones y la gestión de la cadena de suministro como disciplina de negocios, es sólo para aquellas personas que desean trabajar en el área de manufactura y mejorar las operaciones de una fábrica”, afirma Jones. “Pero con los proyectos de los estudiantes que hemos realizado hasta ahora, hemos demostrado que existe una enorme necesidad en el sector de servicios del tipo de habilidades que tienen nuestros estudiantes.”

Mientras los estudiantes perfeccionan sus conocimientos en materia de proyectos y utilizan las herramientas de 6 sigma esbelto, Jones continúa trabajando con socios de la comunidad en busca de oportunidades para que los estudiantes adquieran una experiencia real. “Quiero correr la voz sobre lo que está haciendo la Universidad Estatal de Indiana con este curso”, señala Jones. “Realmente estamos trabajando con nuestros socios comerciales locales para llevar proyectos reales al aula y brindar a nuestros estudiantes una experiencia única y un conjunto de herramientas que puedan aplicar y usar en el futuro.”

 

Los estudiantes utilizan los diagramas de espina de pescado de Quality Companion como ayuda para buscar y determinar las causas probables de los cuellos de botella en los procesos.

 

Nota: ¿Interesado en aprender más sobre Minitab Statistical Software? Visite www.minitab.com o establezca contacto escribiendo acommsales@minitab.com.

 

septiembre 20, 2018 0 comment
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