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Multinacionales: convergencias estratégicas, discordancias organizativas

Las multinacionales se han convertido en los actores centrales de las economías globalizadas. Así lo señalan los investigadores Enrique de la Garza y Marcela Hernández, coordinadores del libro Configuraciones productivas y relaciones laborales en empresas multinacionales en América Latina, texto en el que diferentes especialistas analizan las políticas de relaciones laborales y sindicales de empresas multinacionales norteamericanas y latinoamericanas en cinco países del sur del continente: México, Colombia, Venezuela, Brasil y Argentina.

En entrevista, Enrique de la Garza señala que “dentro de la polémica entre convergencia y divergencia [de sistemas de gestión empresarial transnacional], este libro explora las tendencias que se pueden vislumbrar en el siglo XXI. Esta investigación puso a prueba el método configuracionista por el cual no se parte de una hipótesis ni de marcos teóricos rígidos, sino de problemas específicos y con una perspectiva de reconstrucción de la teoría para el caso concreto”.

Las multinacionales pueden tener estrategias globales, pero estas se mueven hacia la convergencia. Al situarse en países concretos sufren mediaciones, que las llevan a la coexistencia de lo genérico con lo específico; es decir, al momento de adaptar las políticas globales de una multinacional a la operación cotidiana de una subsidiaria, las primeras mantendrán ciertos elementos que convivirán con particularidades operativas locales, en principio no contempladas. Estas especificidades están presionadas por los contextos locales y, especialmente, por el comportamiento y concepciones de los actores involucrados, como gerencias, sindicatos, trabajadores, Estados.

ENRIQUE DE LA GARZA Foto: Carlos Porraz Sánchez

 

Un marco de referencia flexible

En conversación con Enrique de la Garza, surge la necesidad de conocer el detalle de su trabajo de investigación, frente al contexto cambiante de la globalización.

—Si tomamos en cuenta el contexto actual y la forma en que se abordaron los estudios que contiene el libro, entonces ¿fue complicado establecer el marco de referencia empleado?

—Lo mas difícil fue que las empresas accedieran a dejarnos entrar a sus instalaciones, porque desde la crisis del 2009, las gerencias se cerraron y ahora ya no es posible acercarse a ellas de una manera directa. Todo lo hemos conseguido de una manera transversal, con conocidos de ellos, amigos e incluso familiares; esto pasa porque la competencia entre ellos es muy fuerte, tienen miedo de que se filtre información, esa ha sido la principal dificultad. Respecto del marco de referencia, no hubo problema, porque estamos metidos en el debate de hacia dónde van las grandes corporaciones. Es algo que está en el debate público, nosotros no lo inventamos, es decir, ¿con la globalización hay una tendencia a la convergencia internacional de las matrices con sus filiales en tecnología, organización, relaciones laborales, o no necesariamente?

La otra pregunta es: si no hay una tendencia, entonces ¿hacia dónde van? Eso es lo que nos dio la pauta para saber para dónde van tecnológicamente, en términos de organización, relaciones laborales, sindicatos. Para desarrollarlo, escogimos cuatro grandes transnacionales, dos de Estados Unidos, City Bank y la Ford, de México Bimbo y Movistar —que es ‘paraguas’ de Telcel y Telmex—. Las analizamos, a las filiales o casas matrices, según el caso, en México, Colombia, Venezuela, Brasil y Argentina.

 

—Una vez publicado, ¿qué pretenden que genere el libro?

—Más o menos con el inicio del siglo XXI estas grandes corporaciones intentan crear una misma estrategia global, pero que al llegar a cada país encuentran que las leyes laborales no son las mismas que su país, así que deben hacer muchas adaptaciones de tal manera que el modelo que fue diseñado en las matrices sufrió muchas modificaciones al llegar a otros países. Entonces, uno de los puntos en que queremos profundizar más, es que estas grandes corporaciones sí van por el camino de tecnologías más elevadas, ya sea la robotización, que es el caso del sector automotriz, aunque también hay en otras empresas metalmecánicas —que no son armadoras—, o la informatización, como los bancos y las telecomunicaciones. Entonces nos preguntamos si estas grandes firmas usan mano de obra muy calificada, en su mayor parte, o no.

Lo que encontramos es que no es así, que más bien está dividido ese mercado entre las compañías que no tratan al público, que son las que están en los sistemas informáticos, donde se requiere personal con calificaciones altas, y los que están frente al público, por ejemplo, los que atienden en Telcel en los centros de atención al cliente, en ventanilla, o en los bancos, o bien, como en el caso de Bimbo, los que reparten a las tiendas… Entonces, hay un segmento que se ubica en una posición elevada en una empresa, que sí requiere de muy altas calificaciones, pero otro segmento que no las tiene, incluyendo los que usan sistemas informáticos, pues por ejemplo, si algunos de ellos emplean ciertos recursos tecnológicos, eso no quiere decir que sean o que requieran ser expertos en informática —como pasa en la vida cotidiana, uno usa internet y no es un experto.

Es decir, hablamos del uso de cosas elementales. Asimismo, el cajero de un banco se aprende las rutinas de cómo se hace un depósito o una transferencia, pero no se le permite meter mano a los programas, eso provocaría un caos; entonces, los que hacen eso están en otro lugar, a esos nunca los ve uno. De tal manera que hay trabajo informatizado o automatizado que no requiere muy altas calificaciones, es más, la mayoría están en ese nivel, son el porcentaje más alto, por ejemplo en Bimbo la mayor parte del personal son los repartidores y ellos sí usan informática, pero muy simplificada, traen una handheld con la que cobran y saben cuánto entregaron en cada lugar que visitan, cuántos productos les devolvieron, es algo muy simple, que cualquiera lo hace, y ese personal es muy fácil de sustituir… Así también están los salarios.

 

Acercamiento con nueva perspectiva

Los tipología de las empresas transnacionales (EMN), multinacionales y globales no tienen consenso, muchas veces son definiciones puramente operacionales. Jorge Carrillo reporta la existencia en México de 1,764 EMN que operan en dos o más países con un mínimo de 500 personas mientras que en el país de origen lo hacen con 100. De esas corporaciones, 87% son extranjeras y en total representan el 25% del empleo registrado en el Instituto Mexicano del Seguro Social. En promedio, cada una tiene tres mil empleados. Sin embargo, en México la mayoría de sus ingresos son por exportaciones, a diferencia de otros países en los que se deben al mercado interno.
Los autores de Configuraciones productivas y relaciones laborales en empresas multinacionales en América Latina (Editorial Gedisa/UAM, 2017) se alejan de las teorías de la innovación, el aprendizaje tecnológico y los problemas de la cognición, así como de las perspectivas del upgrading, que son los puntos de vista más utilizados en nuestra región para estudiar a las multinacionales. Con este libro abren la discusión acerca de cómo se presentan estas teorías para el mercado de servicios, pues dos de las corporaciones que analizaron corresponden a este sector; al final, plantean una perspectiva teórica metodológica como alternativa a las teorías precedentes.
El coordinador del volumen, Enrique de la Garza es profesor–investigador en el Doctorado de Estudios Sociales de la Universidad Autónoma Metropolitana, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, con 20 distinciones académicas, entre otras el Premio Nacional de Economía.

Configuración de negocio y de productividad

Una de las perspectivas que más llaman la atención en el contexto planteado por los investigadores del libro, se refiere a las relaciones de las empresas con sus empleados, ya sea a través de un sindicato o de manera directa. ¿Hay desplazamiento real de la mano de obra?

Hasta ahora, en lo analizado —nos dice De la Garza— no se mira como algo notable. Una de las plantas más automatizadas en México pertenece al sector automotriz, la que inauguró Audi en Puebla, que tiene muchos robots, pero aún emplea una persona que teclea lo que la máquina debe hacer, así que no todo el proceso está robotizado. Tienen, en ese caso, dos mil trabajadores, disminuyendo la presencia humana con respecto a la armadora de Volkswagen, cierto, pero no existe todavía una armadora que funcione sin una sola persona. Es lo mismo que pasa por ejemplo en Telmex, donde la central casi no tiene trabajadores, al igual que otras empresas del sector, todo el proceso es muy automatizado, pero en los centros de atención sí hay trabajadores.

 

Hay trabajo informatizado o automatizado que no requiere muy altas calificaciones, es más, la mayoría de puestos están en ese nivel, y ese personal es muy fácil de sustituir… Así también están los salarios.

 

Estas configuraciones son la plataforma en la que diferentes actores (gerencia, mandos medios, trabajadores, sindicato) interaccionan. El concepto de trabajador no clásico también se refiere a producciones clásicas que, por otra parte, están articuladas con la comercialización. Se trata de un trabajo con fuerte interacción simbólica, y con participación laboral del cliente (el trabajo del cliente, por ejemplo en un supermercado, y el control ampliado del trabajo mediante registro automatizado de movimientos, como en las ventanillas que atienden por ticket de turno).

Lo que sucedió a nivel global, en las matrices extranjeras y en las nacionales, impactó en México, materializándose en la configuración de negocio y la productiva. Los elementos mencionados nos permiten hablar de una nueva configuración, en la que el Estado, las relaciones laborales y sindicales, el cliente y los proveedores, pasan a ser parte consustancial de ésta, a la que hemos denominado configuración lean production, con ampliación al trabajo no clásico.

Cada una de las dimensiones de la configuración adquiere connotaciones específicas en relación con el Estado, con las relaciones laborales y sindicales, con las estrategias y su materialización en la configuración sociotécnica de producción, con la venta y comercialización, para conformar una red de subconfiguraciones en permanente proceso de reconfiguración.

octubre 9, 2018 0 comment
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Capacitar, entre la evolución de la tecnología y la brecha generacional

Luis Fernando González Aspuru

Las tendencias de capacitación de personal de hace 20 años se transmitían principalmente a través de PowerPoint. Eran extremadamente teóricas, con poco dinamismo y sin tomar en cuenta la andragogía (educación para adultos). Al no tener acceso a la información como se tiene ahora, en ese entonces lo más importante era el contenido. Naturalmente, tenía virtudes (contenido original muy fundamentado y teórico —es decir, dirigido a una aplicación indistintamente del origen del público—) y defectos (poco dinamismo, bajo nivel didáctico y con base en programas de corto plazo).

El tiempo ha marcado la evolución y actualmente se han integrado dos variables muy importantes: la tecnología y la brecha generacional. En cuanto al primer factor, el acceso a la información a través de internet y la conectividad que permite la transmisión de voz y video en tiempo real. Eso hace que la capacitación tenga la modalidad blended (mezcla), es decir, presencial, virtual y digital (e–learning).

Por su parte, el aspecto general comprende que la forma de aprender de las generaciones actuales es diferente —las generaciones ‘Z’ y millenials no aprenden de la misma forma que la generación ‘X’—. Esto hace que la formación requiera elementos lúdicos, tecnológicos y dinámicos, muy diferentes a los que se utilizaban en el pasado. Además tenemos mobile learning para dispositivos móviles, accountability learning en donde los participantes son responsables de su propia capacitación, etc.

Etapa de transición

Los obstáculos (incluyendo las posibles resistencias al interior de las empresas) para que se modificaran los antiguos modelos de capacitación, no se han vencido aún en su totalidad. En este sentido tenemos tres tipos de empresas:

Compañías que se resisten al cambio

Siguen aplicando los modelos de capacitación del pasado, alegando que los montos de inversión son muy altos y/o que su equipo no está preparado para cambiar.

Empresas integradas al cambio

Cierto que asumen el cambio como un factor de actuación al interior de la organización, siguiendo formas (fórmulas) rápidas. Lamentablemente, no toman en cuenta el change management. Lo anterior significa que aplicaron e–learning, por ejemplo, pero sin los procesos adecuados para adaptar correctamente el conocimiento y solidificarlo para uso cotidiano. Terminan, pues, con un híbrido no controlado.

Organizaciones de integración dinámica

Se trata de aquéllas que han ido integrando las nuevas tendencias de una forma contundente y responsable. Se han preocupado de hacerlo enfrentando con apertura la resistencia al cambio y teniendo en cuenta su mezcla generacional.

Dos variables marcan la evolución organizacional: tecnología y brecha generacional. Los factores a dominar son: internet, conectividad, tiempo real, aprendizaje combinado (blended), e–learning y dinamismo presencial/virtual.

 

Los factores de solidificación

Creemos que nos encontramos en una etapa de transición con respecto a los modelos de capacitación y que falta poco para completar la primera fase. Entre los elementos que deberán de adecuarse se encuentran:

—consolidación de las generaciones en las empresas,

—consolidación e implementación de la tecnología actual de una forma masiva,

—aceptación de los directivos de que la capacitación es hoy más que nunca una inversión deseable y benéfica si se desarrolla de manera precisa, con un ritmo acorde al funcionamiento de la organización y con una perspectiva sistémica; en caso contrario, será un gasto que eventualmente podrá reportar ventajas.

Definitivamente la tecnología jugará un factor fundamental en este proceso. Naturalmente se irán integrando nuevas generaciones (desconocidas hasta ahora) a los lugares de trabajo. Los millenials comenzarán a tener puestos de decisión e influencia. Por último, la globalización e integración cultural de las naciones podría impactar fuertemente en los modelos de capacitación. Tendremos mayor capacitación individual, remota y flexible.

 

Perfil:

Luis Fernando González Aspuru es fundador y director general de Asgar Corporation. Es ingeniero con diplomados en ingeniería financiera, calidad total, mercadotecnia y alta dirección. Cuenta con certificación en six sigma, life pilot navigator, y sales partners trainier, FACS (Berkley, CA). Ha sido ponente en diversos medios y conferencias internacionales y nacionales. Asimismo es presidente y miembro de EO Mexico City. Asgar es una empresa de formación corporativa donde se aplican las actuales técnicas de capacitación, desarrollando tendencias nuevas para implementar en empresas con base en el convencimiento de que a través del crecimiento y el cambio en las personas se obtendrá una sociedad más educada, justa y rica en el futuro.

septiembre 20, 2018 0 comment
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10 consejos esenciales para un buen líder

Juan Javier Álvarez

Consejo 1: avance sin miedo al fracaso

Cuando aparezca el miedo a equivocarnos, cuando temamos fracasar, busquemos un sitio tranquilo, alejemos de nuestra mente el bullicio cotidiano, serenémonos un poco y pensemos las cosas con tranquilidad. Antes que nada, usted no puede enfrentar cualquier desafío laboral o personal si está estresado por los posibles resultados. Eso sólo repercutirá en una disminución de su capacidad para analizar detenidamente las cosas y reaccionar como corresponde ante las circunstancias. No se angustie por el resultado final: ocúpese de las tareas actuales.

¿Qué debe hacer para lograr esa meta? En eso concentre sus esfuerzos y energías. Si se aboca con tesón a realizar bien cada etapa de su proyecto, si no desfallece ante la aparición de las primeras complicaciones, si cada día se levanta con la firme determinación de completar su cuota de trabajo para acercarse al resultado deseado, de seguro habrá dado lo mejor de sí, y nada deberá reprocharse. Hizo todo lo mejor que pudo. Y por ello, estará orgulloso de su esfuerzo.

No tema al fracaso por anticipado. Eso sólo le cortará sus alas. Le paralizará. Recuerde que nadie tiene esa enorme capacidad de hacerle abortar proyectos enteros, como puede hacerlo usted en un abrir y cerrar de ojos. Sus miedos e inseguridades se pueden conjugar con mayúscula cuando se combinan con la presión de tiempos ajustados o de superiores que exigen una tarea libre de cualquier equivocación. Si usted deja obrar a sus miedos, ellos desharán rápidamente todo el camino que usted se empecinó en recorrer hasta la fecha. Tenga presente que sólo usted les da vida para que ellos puedan mutilar sus sueños. Y usted merece avanzar. Merece concretar sus metas, aunque éstas no se plasmen en la medida en que usted previamente las concibió. Con esfuerzo y perseverancia, de alguna forma se concretarán. Y usted no puede perderse la satisfacción de estar allí cuando eso pase.

Permítame decirle que quien nada hace, jamás fracasa. Pero nada consigue. Si usted fracasa, aprenderá de los errores que cometió. ¿Ve el valor de un fracaso? Así es: aprende.

Ante la incertidumbre

Si lo que ocurre es que usted se encuentra ante un desafío y no sabe qué camino tomar, si avanzar o retroceder, y teme equivocarse, analice un poco las cosas (sobre hechos fundados, no meras suposiciones sin base sólida) y luego, si decide avanzar, no cuestione su decisión. Avance. Recuerde que usted ve el mundo a través de sus propios cristales. Y cada persona posee un juego único y personal de cristales. Por ende, unos ven las cosas como una permanente oportunidad, y otros las ven como una crisis constante. Unos avanzan decididos hacia lo que desean lograr en la vida, y otros se atemorizan con suposiciones propias sobre un mundo que no es como lo conciben. Todo depende de lo empañado (o traslúcido) que esté cada cristal. Y es usted quien tiene la potestad de darse cuenta que una cosa es cómo usted percibe las cosas y otra muy distinta es cómo son las cosas en sí. Ante ello, tal vez se sorprendería si le dijera que muchas cosas en la vida carecen de forma manifiesta, y que cada uno de nosotros las impregnamos con nuestros preconceptos y paradigmas. ¿Hay que cambiar las cosas? A veces basta con cambiar la manera en que las percibimos. Si esa manera cambia, y logramos despejar nuestros preconceptos, muchos miedos huirán por la ventana.

Pero… ¿y si fracaso? Permítame decirle que quien nada hace, jamás fracasa. Pero nada consigue. Si usted fracasa, aprenderá de los errores que cometió, y en la próxima oportunidad que tenga, logrará el éxito. ¿Ve el valor de un fracaso? Así es: aprender, aprender siempre. Muchos líderes del mundo de los negocios, la cultura, los deportes o la política han logrado llegar a donde están merced a múltiples fracasos. Porque fracasar no es el problema. Qué hacer con el fracaso es el verdadero problema.

Quien utiliza el fracaso como un maestro que le ayuda a mejorar, y continúa avanzando, llegará al éxito. Quien, por el contrario, sucumbe ante él, está perdido. No todo puede ser éxito en la vida, cierto es. Hay que prepararse también para aquellos momentos sombríos, donde nuestra buena fortuna parece alejarse. En esos periodos, lo que no debe fallar es nuestra confianza en nosotros mismos. No hace falta que le diga que usted ya ha probado una y mil veces que vale, que puede afrontar logros de mayor envergadura. El hecho de que en determinado momento pueda fallar en algunas cosas no menoscaba sus logros anteriores ni puede empañar lo mucho que hará en el futuro. Es apenas una situación, algo desagradable que deberá sortear. Y lo hará, porque debe hacerlo. Debe construir mucho más. Todavía le falta alcanzar lo mejor de sí. No ha dado lo máximo de su potencial, eso le está esperando en el futuro. Y para llegar a él, debe hacer frente a las dificultades del presente. No se desmoralice. No renuncie. Continúe su camino.

Consejo 2: formule una idea exacta de lo que desea

Una persona logra cosas importantes en la vida cuando tiene perfectamente claro lo que quiere. Cuando lo ve en su mente. Cuando puede describirlo con palabras que le ayuden a delimitar lo deseado de manera precisa. Antes no. Antes de que pueda colocar con exactitud lo que quiere sobre un papel (para mirarlo todos los días y saber hacia dónde deberá encaminar sus esfuerzos), lo que tiene es tan sólo un vago deseo.

Algunas personas se sientan a la vera del camino y se preguntan, en un momento u otro de la vida, por qué alguien alcanzó lo que a ellas les hubiese gustado lograr. Se preguntan… pero no miran que esa otra persona ha esbozado sus objetivos claramente. Supo hacia dónde iba. Tuvo la mano firme en un timón guiado por una carta de navegación, mientras que quien le envidia, tal vez giró años enteros, dejándose llevar por los vientos hacia rumbos errantes.

Consejo 3: siempre tiene una oportunidad delante de sí

Dos profesionales técnicamente similares, con idénticas posibilidades, pueden, a lo largo de su vida laboral, obtener resultados totalmente opuestos. Mientras uno busca siempre cómo amoldarse mejor a las circunstancias y aprovechar cuanta oportunidad se presenta, el otro se debate en una madeja de supuestas dificultades, viendo oscuridad donde tal vez sólo falte un poco más de luz. La manera de ver las cosas de cada uno influirá en los resultados finales: el optimista luchará siempre con renovados bríos por lograr su objetivo, y si debe amoldarse a circunstancias negativas, lo tomará como una excelente posibilidad para explotar nuevas facetas hasta ahora dormidas; pero el pesimista se quedará siempre mirando la vida pasar frente a su ventana, criticando lo mal que van las cosas (las suyas) aunque el resto avance. ¿Conclusión? La vida, personal y profesional muchas veces es el resultado de nuestra actitud ante las cosas. Ver la media botella llena nos impregna de esperanzas e ilusiones, y en los momentos difíciles, nos da energías para seguir adelante. Ver la media botella vacía siempre, ante cualquier cosa que pase, sólo nos debilita, nos impide crecer, avanzar y vivir saludablemente. ¡Imagine la cantidad de oportunidades que una persona, con visión negativa de la vida, puede perderse a lo largo de los años!

Consejo 4: siga adelante, sin descanso

No alcanza con saber lo que se quiere. Ni siquiera con desearlo fervientemente. Hay que ir por ello. Hay que trabajar sin prisas pero sin pausas, hasta conseguirlo. Y sobre todo, no desanimarse cuando aparezcan (infaltables siempre) las primeras piedras en el camino. Nuestra determinación por alcanzar las metas se convierte en nuestro piloto de navegación. Nos marca un rumbo a seguir. Mira siempre hacia el horizonte, buscando la tierra ansiada. Mantiene firme la mano sobre el timón de los acontecimientos. Observa cada tanto la brújula de las tareas por realizar, y hacia ellas establece el curso. Nuestra determinación por lograr lo que deseamos nos anima a continuar. Cuando estamos desanimados por los pobres resultados iniciales, se acerca a nosotros y con insistencia nos levanta para continuar. Pero, ¿cómo crear esta firme determinación? Sencillamente apasionándonos por lo que hacemos y queremos lograr. La pasión, más que la simple razón, es la verdadera impulsora de las acciones humanas. Con pasión, todo se puede. Sin ella, el mundo languidece.

Consejo 5: no haga presente su pasado

Hay dos cosas de las que podemos estar seguros. La primera es que el futuro todavía no existe como algo tangible (está, sí, en nuestra cabeza). Y la segunda, que nuestro pasado jamás volverá, ni podremos modificarle (aunque tenazmente se esfuerce por aparecer, también en nuestra cabeza). Y aquí debo confesarle algo, y es que el pasado y las semillas del futuro pueden entrelazarse. Lo hacen a través de un puente cotidiano: nuestro presente. Si vivimos de cara al pasado, amargándonos por lo que hicimos o dejamos de hacer, por las oportunidades perdidas, por los proyectos malogrados, lo único que conseguiremos será condicionar nuestro presente. Le restaremos vida, le amargaremos o, lo que es aún peor, le tornaremos inoperante. Si esto ocurre, nuestro futuro (suma potencial de todos nuestros esfuerzos presentes) se verá condicionado también. Lejos de ser lo que desearíamos que fuese, se convertirá en una continuación de nuestras frustraciones.

Por ello, aprenda de su pasado, pero déjelo atrás, sobre todo emocionalmente. Los errores existieron, es cierto, pero su única utilidad, aquí y ahora, es la de darle a usted experiencia, brindarle una nueva forma de ver y encarar mejor las cosas. Si desecha esto y sólo toma la dosis emocional que le produce el recordarlos, pierde toda posibilidad de dejar de cometerlos, y sobre todo, de avanzar. Avanzar hacia nuestra meta: ser mejores líderes y personas. Ser, no simplemente parecer. Porque, por supuesto, no es lo mismo. Lo uno es esencia y lo otro, una imagen que, desprovista de contenido, se volverá contra nosotros.

Consejo 6: ¡motivado, ahora y siempre!

Para liderar su vida personal y profesional, nada mejor que motivarse con imágenes positivas de lo que espera conseguir. Veamos un ejemplo. Usted está en una agencia de viajes, observando con detenimiento ese afiche que anuncia unas maravillosas vacaciones en el Caribe. Hay algo que ha llamado su atención, y ahora observa la imagen de una playa de suave arena, bañada por un mar cristalino. Usted ya se imagina allí, disfrutando del sol. Le agrada lo que imagina, y de hecho, ya está mirando con atención el resto de imágenes que componen el cuadro. Desea enterarse de los beneficios y condiciones porque sus vacaciones se acercan y usted considera que se merece esto. ¿Lo ve? Así actúan las imágenes positivas, trasladándole por anticipado, motivándole a lograr lo que desea. Y esto se aplica a todo en la vida.

Pase delante suyo imágenes positivas de aquellos logros alcanzados para sortear momentos difíciles del presente. Piense: “Si llegué hasta aquí, ¿qué me impide continuar y lograr lo que deseo?” Cree otras imágenes donde se vea logrando lo que quiere, disfrutando a pleno de sus beneficios. Ello le ayudará a motivarse a sí mismo, y a no desfallecer cuando los obstáculos aparezcan en su camino.

Pase delante suyo imágenes de logros alcanzados para sortear momentos difíciles del presente. Piense: “Si llegué hasta aquí, ¿qué me impide continuar y lograr lo que deseo?”

 

Consejo 7: arriesgue un poco más

La vida misma es el mayor de los desafíos, y si hablamos de ‘riesgos’, dígame usted si alguien le aseguró que vivirá hasta los cien años. Nadie, ¿verdad? Pues bien, si la vida misma no está asegurada, ¿puede sorprendernos que para vivir debamos asumir ciertos desafíos y sus riesgos? Pretender conservar las cosas inmóviles, y con ello escapar a los desafíos, o a los cambios, es totalmente absurdo.

Todo cambia. Nosotros mismos lo hacemos a diario sin darnos cuenta. Y todo lo que emprendamos involucra cierto riesgo. Pero el nivel de riesgo depende de nuestra capacidad para acotarlo. ¿Cómo? Mediante nuestra experiencia y formación, una sólida actitud para enfrentar las cosas sin miedos injustificados (si algo falla, ya lo arreglaremos, pero si nunca nos animamos, jamás sabremos si no lo hubiésemos logrado), y por supuesto, el consejo de quienes pueden saber más que nosotros sobre el tema, además de analizar (o dejar que otros lo hagan por nosotros) toda la información disponible para tomar una decisión fundada en certezas.

Cierto es que decidir sobre algo sin bases firmes, o en total desconocimiento sobre lo que se decide, es riesgoso. Pero como puede verse al analizar el párrafo anterior, no lo es cuando se cuenta con apoyo. Si carecemos de preparación, toda decisión en nuestra vida se convertirá automáticamente en riesgosa. Busque entonces el nivel de preparación suficiente para que la sensación de riesgo deje de paralizarle. Pero luego, actúe.

Consejo 8: logre nuevos y mejores resultados

Quien se queja porque no obtiene mejores resultados al encarar sus asuntos, debería pensar antes en las causas que en los efectos. Si no cambian las causas, tampoco cambiarán los efectos. Si cada vez los resultados obtenidos son más pobres, uno debería reformular (total o parcialmente) la manera en que intenta producirlos.

Mire sus habilidades desapasionadamente. ¿En qué destaca? ¿Qué cosas puede realizar que le abran mejores puertas para lograr otros resultados? Evite ver las cosas (y las posibilidades) como hasta ahora lo hizo. Si mira el mundo siempre de la misma forma, es muy probable que obtenga los mismos resultados. Entonces, haga lo siguiente: vea su producto o servicio bajo un prisma más general. Aparte de los clientes que ahora tiene, ¿a quién podría servirle, con algunos cambios? ¿Quién más necesita las prestaciones esenciales que brinda? No se limite al entorno conocido. Bucee en nuevos escenarios. ¿Cómo puede llegar a ellos? ¿De qué manera podría promocionar su producto o servicio, para esos clientes potenciales? ¿Sobre qué beneficios debería hacer énfasis? ¿Cuál sería la mejor manera de comunicarse, en un ida y vuelta, con su nuevo mercado?

Si desea nuevos y mejores resultados, deberá cambiar su manera de hacer las cosas, y como sabemos, todo cambio empieza en la mente. Primero, hay que modificar nuestra actitud hacia él. Para que algo cambie realmente, debemos comprender y asimilar en nuestro interior la necesidad de modificar nuestras actitudes. Luego, y sólo luego, podrá cambiar nuestro comportamiento. Los resultados cambiarán con él.

Consejo 9: diseñe un futuro a su medida

En el mundo hay dos tipos de personas: quienes reaccionan a los cambios (algunas veces luego de cierto tiempo), y quienes los producen o se anticipan a ellos. Los primeros son reactivos, y los segundos proactivos. Tórnese proactivo, porque el futuro lo construyen las personas dinámicas, que establecen las circunstancias para que éste ocurra de acuerdo a sus expectativas.

Los grandes líderes, a lo largo de milenios, han establecido las condiciones para que ocurrieran los cambios. Usted puede (y debe) provocar las circunstancias que motiven el futuro que desea para su profesión y persona. Crear el futuro consiste en eso: crear los caminos para llegar a lo que ansía. Nunca quedarse esperando a que la oportunidad llame a su puerta; hay que poner la puerta delante de la oportunidad que usted haya concebido.

Si el camino ya está, muy bien, a seguirlo. Si no está, a construirlo. Haga que las cosas pasen, porque el que espera simplemente, es aventajado por el que construye sin cesar, día a día, hora a hora. Transfórmese en un generador de circunstancias, y haga de eso su llave maestra para lograr sus metas.

Consejo diez: construya mejores relaciones

El liderazgo se basa muchas veces en las relaciones, pero en las auténticas relaciones, las que conllevan la empatía como su ingrediente fundamental. Ponerse en el lugar de los demás, comprenderles y motivarles, son características esenciales que todo líder debe fomentar y aplicar a diario.

La comprensión pasa por entender el punto de vista de nuestro interlocutor, y saber (además de valorar) que lo que dice y cómo lo dice, se basa en sus experiencias y forma de ver la vida. Y por qué no, en sus prejuicios. El líder, por ello, no impone; convence. No ordena; dialoga. No confronta; busca la cooperación. Para ello, debe escuchar mucho más que hablar. Debe actuar con generosidad para cosechar de los demás en idéntica moneda.

Aquí no tienen cabida ni el ego ni la soberbia. El auténtico líder se rodea de personas más capaces que él en determinados asuntos, y eso jamás le induce a intentar dominarlos o coartar la libertad del grupo para tomar iniciativas. Sabe que todo intento de controlar al otro, de acotarlo, demuestra un problema de inseguridad propia, de incapacidad para ver que los demás son tan buenos profesionales como puede serlo él. Y pueden desempeñar perfectamente su trabajo. Por ello, quien desea desarrollar el liderazgo, debe trabajar mucho sobre sí mismo, a fin de fortalecer su carácter. El trabajo es de por vida, pero los beneficios bien valen la pena.

El liderazgo se basa muchas veces en las relaciones, pero en las auténticas relaciones, las que conllevan la empatía como su ingrediente fundamental.

 

Perfil:

Juan Javier Álvarez es un experto de reconocida trayectoria. Graduado en dirección y administración de empresas (EE.UU.), es consultor internacional en management y liderazgo.

agosto 28, 2018 0 comment
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Administración por valores

El amarre para una empresa socialmente responsable

Lidia Ofelia Ramírez Fuentes, Arturo Samuel López Vázquez, Homero Chapa Jáuregui y Jorge Armando Farías Jasso

 

Las organizaciones viven en la actualidad un momento en el que la calidad de la vida laboral ha cobrado gran importancia para la productividad de sus miembros; esto ha traído como consecuencia cambios en la manera que las organizaciones llevan a cabo sus modelos de administración. Con el fin de mantener el buen funcionamiento y la competitividad del negocio en los mercados, algunas han implementado la administración basada en valores, con lo cual tratan de incrementar la satisfacción de los miembros de la organización, así como incrementar la calidad de vida laboral.

Asimismo, la responsabilidad social corporativa ha adquirido gran fuerza en las organizaciones multinacionales, y aun en las empresas nacionales o locales. La aplicación de la administración de la calidad total se encuentra en la base de estos adelantos, y aplicada a la gestión de los recursos humanos de las organizaciones junto con el liderazgo basado en valores, ha sido esencial.

Sin embargo, debemos reconocer que el mundo de los valores es amplio, complejo y está en permanente transformación. En cada época aparecen nuevos valores, o los viejos valores cambian de nombre. Todos somos libres, además, de escoger nuestros valores y darles el orden y la importancia que consideramos correctos de acuerdo con nuestra manera de ser y pensar. Sin embargo, hay valores que no cambian, que se conservan de generación en generación, siempre y en todas partes. Valores universales que exigiríamos a cualquier persona.

De los valores depende que llevemos una vida grata, alegre, en armonía con nosotros mismos y con los demás; una vida que valga la pena ser vivida y en la que podamos desarrollarnos plenamente como personas y trabajadores. Una vida con calidad. Hoy en día el inculcar principios y valores en las organizaciones, como los que conlleva la responsabilidad social corporativa y la gestión adecuada de los recursos humanos, han adquirido suma importancia en la provisión de una calidad de vida laboral a los miembros de las organizaciones, y esto crea una cultura de calidad en ellos.

 

Los recursos humanos y los valores

Una manera clásica de entender la cultura de la calidad es como un conjunto de valores, actitudes, conductas o experiencias que ayudan a mejorar nuestro desempeño, permitiendo a las personas de una organización asegurar la calidad de los productos y servicios que ofrecen para lograr la satisfacción del cliente. Esta cultura impulsa fuertemente el rendimiento de la empresa, por lo que la dirección debe reconocer esa cultura y sus valores; es decir, adoptar una cultura basada en valores se complementa con el conjunto de principios que guiarán a la dirección a tomar decisiones. Al tener una cultura basada en valores se adquieren ciertas ventajas, a saber:

  • Establecer un identidad entre los empleados mediante valores compartidos.
  • Los valores son una guía para los empleados al realizar su trabajo.
  • Los valores en los empleados se reflejan en un buen servicio al cliente.

Es de gran importancia considerar la diferencia entre el estado actual de la cultura de la empresa y el estado deseado, innovando a cada momento en cuanto a cultura de calidad y el desarrollo humano.

Con la creciente globalización de la economía, la innovación en la realización de negocios y los frecuentes cambios en el entorno, las organizaciones se ven en la necesidad de idear estrategias de competencia en el mercado. En la actualidad la calidad significa uno de los retos estratégicos de gran importancia en la empresa. Tener calidad para una organización ya no es una opción, significa la capacidad de competir en mercados cada vez más amplios y cambiantes. El tener un alto nivel de calidad hace a la empresa más competitiva, pues cubierto ese primer punto crítico la atención puede centrarse en los siguientes, ya que los productos son procesados eficientemente, es decir, se tiene un proceso de producción tendiente a los cero defectos, cumpliendo con la expectativa de los clientes y las especificaciones legales.

 

Las habilidades de los recursos humanos

Nos referimos a la ventaja competitiva que implica un correcto manejo de los recursos humanos, que son quienes llevan a cabo la innovación, la fuerza laboral con capacidades y competencias para enfrentar el futuro. Las empresas que cuentan con personas especializadas de antemano ya tienen un plus en el desempeño de sus procesos, no obstante, el desarrollo del recurso humano es importante para una cultura de la calidad en la organización.

La innovación tiene su origen en el conocimiento, el conocimiento (saber) reside en las personas, y las habilidades (saber hacer) y actitudes (querer y poder hacer las cosas) están manifestándose en la conducta de las personas, produciendo innovaciones que crean ventajas competitivas, lo que incide directamente en la capacidad de la organización para llegar al éxito en su desempeño.

De la historia del mercado conocemos el término ‘calidad’ que concebimos como la habilidad para crear un producto con los requisitos solicitados por sus clientes; debido a ello se iniciaron los primeros sistemas de aplicación de la calidad, donde el principal elemento es la participación de las personas, preferentemente encabezados por la alta dirección.

El comportamiento organizacional, como campo de estudio del impacto que los grupos y estructuras tienen en la conducta de los individuos dentro de las organizaciones, con la finalidad de aplicar esos conocimientos en la eficacia de dichas organizaciones, analiza los tres niveles por los que transita el elemento humano en una organización, que son:

  1. El individual (teoría de la autorrealización y teoría de las necesidades de David C. McClelland). En este nivel es necesario para motivar el desempeño, la intensidad, la dirección y la persistencia para conseguir una meta. Pero la motivación tiene tres necesidades básicas: de poder, de asociación y de logro.
  2. El grupo, bajo el modelo de las cinco etapas del desarrollo de los grupos: formación, a su vez compuesto por la incertidumbre sobre el propósito, la estructura y el liderazgo; el conflicto, cuando los miembros del grupo aceptan su existencia pero se resisten a las restricciones que les impone a su individualidad; el momento de la regulación, cuando se solidifica la estructura del grupo asimilando un conjunto común de expectativas; la consolidación del desempeño, que llega cuando la estructura es completamente funcional y aceptada por el grupo; la desintegración, etapa del desarrollo de los grupos temporales caracterizada por la conclusión de las actividades. Grosso modo, pueden distinguirse dos tipos de grupos: los formales (grupo de mando, grupo de tarea, círculo de calidad, etc.) y los informales (grupo de amigos, grupo de aficionados, etc.).
  3. Sistema organizacional. Los componentes básicos de este sistema son: estructura organizacional jerárquica y por funciones, especialización del trabajo, cadena de mando, cadena administrativa, departamentalización, centralización o descentralización en la toma de decisiones. Estos componentes definen la forma que tendrá la organización. La forma es sumamente importante porque influye directamente sobre el trabajo de los individuos, por lo que se deben tener claras la misión y la visión de la organización.

 

Valores en el comportamiento organizacional

Los valores están presentes en los tres niveles mencionados, son componentes fundamentales de la cultura, y son al menos de tres tipos: los que trae el individuo al ingresar a la organización, los que adopta con la convivencia en su grupo social, y finalmente los que caracterizan la cultura de la organización. Esos tres niveles conviven de manera casi imperceptible a diario en las organizaciones, y es uno de los objetivos de una correcta gestión de los recursos humanos homologar los valores de los individuos que forma la organización, sin detrimento de los valores personales o sociales. Así, los valores pueden ser entendidos como el conjunto de creencias que tiene una persona, un grupo, la sociedad o la organización.

Específicamente, los valores que posee un individuo en el contexto de una cultura de la calidad son: espíritu de servicio, respeto, buen uso del tiempo propio y ajeno, y los valores del ‘decálogo de desarrollo’ (orden, limpieza, puntualidad, deseo de superación, honradez, respeto al derecho de los demás, respeto a la ley y a los reglamentos, gusto por el trabajo, afán por el ahorro y la inversión).

Existe una investigación de Octavio Mavila en Perú, quien después de varios viajes por países desarrollados observó que las personas que tienen ciertos hábitos son clave para el desarrollo económico. Mavila identificó diez principios que aplicados a la vida personal permiten un mejor desarrollo. A estos valores los llamó ‘decálogo de desarrollo’, conjuntando los valores fundamentales para el desarrollo de una cultura de la calidad.

A diferencia de los valores, los hábitos son comportamientos observables que reflejan los valores internos de las personas. Una persona que aspira a reflejar una cultura de la calidad tiene, entre otros, las siguientes actitudes: mejora continua, atención a las necesidades de los demás, responsabilidad en el trabajo, prevención de errores, entrega y planeación de sus actividades, evaluación constante de su desempeño, disciplina y cumplimiento de sus compromisos.

Asimismo, por prácticas debemos comprender aquellos procedimientos laborales que aplicados al trabajo de forma continua, sistemática y repetitiva, ayudan al individuo a poner en operación los valores y hábitos. Entre las prácticas más comunes están: uso de herramientas administrativas, control estadístico de procesos, programas basados en reconocimientos y premios y programas de atención al cliente.

El conjunto de prácticas, hábitos y valores llevados a la vida laboral y personal, conforman una cultura de la calidad sólida. Todo esto, aportado por cada uno de los miembros de un grupo de trabajo, genera a su vez otra serie de valores: respeto al trabajo y necesidades de los demás, cooperación y convivencia, relación social, amistad, pertenencia a un grupo, competitividad, trabajo en equipo, expresión de sentimientos, responsabilidad social, equidad y justicia, compañerismo, preocupación por el bienestar de los demás y cohesión de grupo.

Finalmente, los valores que caracterizan la cultura de una organización se forman de sus objetivos como organización productiva, y el rescate de los valores individuales y sociales que convengan a sus fines. En general, suelen enarbolarse los siguientes: brindar a los clientes calidad y servicios óptimos, considerar a su gente como el recurso más valioso, apoyar la creatividad y la innovación, compartir la información necesaria para el desempeño de las funciones de sus miembros, trabajo en equipo, trato justo para todos, premios y recompensas a quienes entreguen resultados relevantes, y respeto y comunicación entre los miembros de la organización.

Pero, ¿cómo se mantiene viva una cultura? Mediante la selección de nuevos candidatos que, al llegar a una organización con una cultura ya cimentada, pueden adaptarse mejor y más rápido a ella. El primer paso, por supuesto, es una correcta selección de potenciales nuevos integrantes de la organización, y los procesos de inducción de personal.

 

La cultura organizacional y administración por valores

Sabemos que todos tenemos una personalidad única, un conjunto de rasgos relativamente estables que determinan la forma en que nos conducimos y nos relacionamos con los demás. Cuando decimos que alguien es cordial, franco, relajado, tímido o agresivo, describimos rasgos de la personalidad. Las organizaciones también tienen una personalidad y la llamamos cultura. A través de su vivencia se constatan una serie de elementos intangibles que se comparten entre los miembros de una organización, como los valores que guían sus acciones, los sobreentendidos e incluso las formas de pensar.

En primer lugar, la cultura es una percepción, y los individuos la perciben en lo que ven, oyen o experimentan en la organización. Segundo, aunque los individuos tengan antecedentes diferentes o trabajen en diversos niveles de la empresa, describen la cultura con términos semejantes, lo cual se considera un aspecto compartido de la empresa. Por último, una cultura de la organización es una expresión descriptiva, es decir, se refiere a la manera en que los integrantes son capaces de referirla.

Cuando se establece una cultura, la sostienen varias prácticas de la organización. Durante el proceso de selección de empleados los gerentes juzgan a los candidatos no sólo de acuerdo con los requisitos de los puestos, también por su capacidad de ajustarse a la organización. Al mismo tiempo, los solicitantes adquieren información sobre la organización y deciden si les gusta lo que ven. Otro factor a considerar es cuando la organización debe ayudar a sus empleados a adaptar su cultura mediante la socialización, que es el proceso por el que los empleados asimilan la manera que tiene la organización de hacer las cosas.

Existen algunos componentes de una cultura que originan su transmisión a los empleados, los más importantes son las creencias, los símbolos, las anécdotas y el lenguaje.

  1. Creencias: entenderlas es un hecho muy conveniente y práctico para quienes integran la organización, dado que son ideas compartidas acerca de cómo opera el mundo. Pueden ser sumarios e interpretaciones del pasado, explicaciones del presente o previsiones del futuro.
  2. Símbolos: cuando usted entra en las organizaciones, ¿tiene una impresión del lugar: formal, casual, divertido, serio, etc.? Estas impresiones demuestran el poder de los símbolos para crear la personalidad de una organización. Otros elementos pueden ser el tamaño de las oficinas, la elegancia del mobiliario, las gratificaciones de los ejecutivos, los salones o comedores en el edificio de la compañía, etc. Los símbolos comunican a los empleados, por ejemplo, que es importante el grado de igualdad que promueve la dirección y los comportamientos (arriesgado, conservador, autoritario, participativo, individualista, etc.) que se esperan y se consideran apropiados.
  3. Anécdotas: son narraciones sobre hechos o personas significativas de la organización, sucesos protagonizados por los fundadores, las reglas que se rompen, las reacciones ante errores del pasado, etc. Por ejemplo: los gerentes de Nike piensan que las anécdotas que se cuentan sobre la historia de la compañía modelan el futuro, por eso explican la herencia de la compañía y cuentan historias que celebran los logros de la gente. Estas anécdotas aportan ejemplos con los que la gente aprende.
  4. Lenguaje: muchas organizaciones usan lemas, refranes y metáforas especiales, que suelen transmitir significados a los miembros de la organización. Al aprender este lenguaje los miembros dan fe de que aceptan la cultura y de que están dispuestos a conservarla.

 

Los valores y la influencia del líder en la cultura organizacional

Los líderes, especialmente los de mayor nivel, crean el ambiente de una empresa. Sus valores influyen en la dirección que ésta sigue. Aunque el término ‘valor’ posee muchas acepciones, puede definirse como una convicción sólida sobre lo que es aprendido y lo que no lo es; definitivamente guía las acciones y la conducta de los empleados en el cumplimiento de los propósitos de la organización.

Los valores pueden concebirse como los elementos que componen la ideología que determina las decisiones cotidianas. En la actualidad la administración por valores (MBV, por sus siglas en inglés) está emergiendo como una estrategia de liderazgo con un potencial tremendo, como resultado de su gran relevancia en varios niveles. La MBV ayuda a canalizar los esfuerzos profesionales que se dan a diario hacia el logro de la visión estratégica de la compañía, con ello se da más sentido y compromiso a los empleados para convertir en realidad lo que la organización ofrece al exterior. De ahí que la calidad de vida laboral repercuta de manera tan importante en el desarrollo de una cultura organizacional, ya que es la forma tangible en que los empleados perciben la coherencia de la dirección. Por lo tanto, considera esa calidad como el pilar de la satisfacción de los compromisos de la organización, comenzando por los empleados (‘el buen juez, por su casa empieza’). Asimismo, alcanzando una cultura basada en los valores se conlleva el mismo doble objetivo: dar una calidad de vida laboral idónea para los empleados, y dar calidad en productos y servicios que se ofrecen al público.

 

La implementación de la responsabilidad social corporativa

La idea que sustenta la responsabilidad social corporativa (RSC) va mas allá de la relación comercial honesta con la sociedad en la que desarrolla sus actividades. En virtud de este compromiso la empresa asume en cada momento los valores de la sociedad, de hecho lo utiliza como criterio para regir su desarrollo. En la actualidad, los valores de la RSC orientan la finalidad de la empresa hacia el bienestar social y obligan a que su desempeño deba ser juzgado desde distintos ángulos: por su respeto a las legislaciones que les aplique, su participación en acciones de interés comunitario, etc.

Lo que se ha generado con esta idea de la RSC es la idea de que cada una de las empresas alcance un desarrollo sustentable, teniendo como bases los valores y respeto por la sociedad. Dado que este término tiene diversas interpretaciones, tomaremos la definición que se encuentra en el Libro verde de la Unión Europea. Fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresa (2001). En el se establece que la RSC es la incorporación voluntaria, por parte de las empresas, en los asuntos sociales y ambientales en sus operaciones comerciales y sus relaciones con los interlocutores. Es decir, entre los elementos esenciales de la RSC están la adopción de parte de las empresas de un papel social activo, a través de la incorporación en todos sus procesos de los valores sociales.

La idea de la teoría de la responsabilidad social corporativa debe enmarcarse a su vez en el marco de la teoría del contrato social, que presupone la existencia de un contrato tácito entre los miembros de la sociedad, y que en este caso estarían representados por las empresas y sus miembros, actuando en beneficio social. El contrato social se articula a través de dos tipos de elementos: explícitos, o sea, los que operan en el marco legal establecido por la sociedad; y los implícitos, acuerdos tácitos que evolucionan conforme lo hace cada institución con sus expectativas.

Por lo tanto, se puede decir que el contrato social tiene dimensiones positivas que corresponde a las disposiciones legales, y otra dimensión normativa que tiene que ver con las normas éticas y los valores sociales; esto es, una dimensión del contrato social que dicta sobre lo que se ‘tiene que hacer’, y otra acerca de lo que se ‘debe hacer’. Esto ha hecho que en los últimos tiempos la responsabilidad social sea entendida como su dimensión ética promovida a través de una serie de valores patentes en su actividad diaria, con el fin de evitar daños y producir beneficios para todas las partes interesadas en la actividad de la empresa (clientes, empleados, accionistas, comunidad, entorno ecológico, etc.)

 

¿Un lujo o una buena gestión?

Decidir cuánta responsabilidad social es suficiente para cada organización debe conducir a responder antes esta pregunta: ¿qué significa que la organización tenga responsabilidad social? La obsesión por el corto plazo sobre los enfoques o políticas, a menudo conduce al desprestigio de la RSC, mirándola como una especie de lujo favorecido por las grandes empresas de los países desarrollados. Incluso se lleva este razonamiento al punto de no considerarla una opción realista para las empresas latinoamericanas.

Sin embargo, hay pruebas de que empresas que practican la RSC obtienen una variedad de beneficios. Los pequeños inversionistas frustrados por la reciente volatilidad financiera están encontrando en la ética los fundamentos para que las empresas sean cada vez más fiables. Los consumidores son también cada vez más un punto de presión a favor, dado que desean productos (y empaques) que no sean contraproducentes a su salud. Y los gobiernos, presionados por grupos ecologistas y organismos internacionales, promueven procesos productivos con menores impactos al medio ambiente.

Un estudio realizado en España encontró que el 65 por ciento de los consumidores pagarían una prima adicional de un producto socialmente responsable. Por otra parte, una serie de estudios han señalado que la productividad laboral es considerablemente mayor en las empresas con un mayor compromiso con la RSC, además  de que también proporciona mejores oportunidades en lo que respecta a la contratación de jóvenes talentos. Esto nos lleva a decir que la implementación de la RSC no debe asumirse como un lujo en América Latina, pues desempeña un papel trascendente en una empresa respecto de la competencia, el posicionamiento y la sustentabilidad. Después de todo, se trata de un buen negocio.

 

Administración por valores

Se habla como de una metodología de la dirección en la que los gerentes establecen y sostienen los valores que se comparten en la organización, valores que expresan el sentido de la empresa y sus convicciones. Donde al parecer hay una serie de cambios que están teniendo lugar, llevando especialmente a la conciencia cuestiones como las de la coherencia entre las necesidades comerciales y económicas de las empresas, y la ética que se desprende de los valores promovidos a su interior, en especial en momentos de crisis.

Una cuestión clave y vital es garantizar que las organizaciones tomen en consideración que existen varias oportunidades para fomentar valores, que desde la dirección se trabaje en su favor y que a nivel gremial se busque llevar esos valores a los encargados de formular políticas públicas. Estos esfuerzos pueden ayudar a catalizar importantes alianzas; a la vez, son vistos como una manera de fomentar el espíritu de las organizaciones tendente a la productividad. Esto sucederá verdaderamente cuando el empleado se adhiere a los valores declarados de la corporación, en gran parte porque ha constatado que en ella existe un interés por su calidad de vida, en general, y laboral en particular; así, el trabajador adquiere un compromiso personal profundo con su trabajo y empresa.

 

La nueva empresa: gestión más allá de las fronteras

Se vive una época de grandes cambios en el mundo, desde el calentamiento global hasta la hipertecnologización, y todo ello modificará nuestras vidas, personales y organizacionales; cada vez estamos más obligados a usar más eficientemente el agua, a reducir la impresión en papel de documentos, a mantenernos actualizados respecto de las novedades tecnológicas de telecomunicación y los nuevos materiales, etc. Por todo ello, la responsabilidad social corporativa está creciendo a un ritmo más rápido en el mundo desarrollado, a pesar de que el dilema ético entre las partes involucradas persista. Como insistió hace un año un importante diario estadounidense, se ha ganado terreno entre aquellos empresarios escépticos que creen que la RSC es ‘una pérdida de tiempo y dinero’, para concluir que el primer esfuerzo que debe hacerse para implantarla es dar ‘la batalla de las ideas’ (The Economist, 2008). Pero ya no se pone en duda de antemano que la RSC sea una forma de hacer negocios en el siglo 21. Hoy, cuatro mil empresas de 120 países han firmado el United Nations Global Compact, un factor moderador del perfil moral de una sociedad.

Este interés creciente ha puesto a circular un nuevo concepto: el código de conducta de la empresa trasnacional. El punto de partida para el fortalecimiento para una corporación con una norma de responsabilidad social corporativa, es la naturaleza voluntaria del proceso y la necesidad del compromiso de los participantes. Al contar con esta plataforma, se incrementa de manera notable la posibilidad de éxito fundamentada en la credibilidad y el compromiso. Si a ello sumamos el ambiente global que ha tomado el sistema financiero y económico mundial, no es difícil comprender la necesidad de extender la difusión de los valores lo más posible. Existen cuatro valores básicos que deberían ser considerados fundamentales, independientemente de la sociedad en donde opera la empresa:

—integridad basada en la honestidad;

—justicia, que refleja imparcialidad, conciencia y buena fe;

—competencia, que se refiere a ser capaz, confiable y calificado;

—utilidad o tendencia a proporcionar el máximo beneficio al mayor número de personas.

Con lo anterior resulta esencial que la corporación, antes de establecer un código de conducta, manifieste los principios sobre los que la basará, pues si de entrada la dirección o a los dueños de la empresa sólo les interesa obtener ganancias sin ningún tipo de escrúpulo, de nada servirá ninguna invitación a un perfil sustentable. Por el contrario, en cuanto la responsabilidad social esté presente será el marco de referencia para la construcción del código de conducta.

 

Calidad de vida laboral y formación de valores

La historia del hombre se resume en la lucha por satisfacer sus necesidades materiales o espirituales, ya sean individuales o sociales. Por ello es de extrañar que sólo hasta recientemente se hable seriamente de la calidad de vida laboral, entendida como el grado de satisfacción material y emocional que una persona puede obtener en y mediante su trabajo. La elevación sistemática de la calidad de vida laboral es la piedra angular en la formación de altos valores en el trabajo, junto con la educación; es una tarea estratégica, si consideramos que el objetivo fundamental es la elevación de la calidad de vida de la población en general, con individuos desarrollados en todos sus aspectos, poseedores de los mas altos valores humanos, teniendo muy presente que sus expectativas en la actualidad difieren sustancialmente de las que tenían 50 años atrás.

La primera condición para alcanzar una buena calidad de vida laboral masiva, es hacer coincidir las aspiraciones laborales del individuo con los valores de la organización, proceso largo y complejo. Tal objetivo requiere de avanzar socialmente en ciertas acciones:

  • Un sistema de enseñanza que garantice que cada persona pueda desplegar plenamente su inteligencia y capacidades.
  • Un desarrollo económico y social basado en la ciencia y la técnica, que permita hacer coincidir las capacidades del individuo y sus intereses, con un puesto de trabajo y necesidades sociales.
  • Una remuneración individual acorde con la calidad y cantidad del trabajo aportado.

La revolución educacional emprendida en Cuba durante los últimos años es una experiencia sólida acerca del desarrollo educativo de una nación en condiciones económicas muy complicadas. La elevación de la producción, base del desarrollo social, de la calidad y la productividad, requiere de trabajadores calificados, disciplinados y motivados, con valores, conciencia plena de su situación y la de su sociedad, todo lo cual es posible únicamente con una alto nivel educativo, cualidades que encontraran impulso en un ambiente laboral sano.

Mientras esta realidad no se comprenda a todos los niveles, en la dirección de las empresas y en los gobiernos, y se instrumenten las acciones afirmativas respectivas, no será posible lograr los avances que todos deseamos en la producción, los servicios y en la formación de los valores. Existe una relación de causa–efecto entre calidad de vida laboral, resultados económico–sociales y valores ético–morales.

En consecuencia, los llamados ‘sistemas de dirección o gestión de los recursos humanos’ proyectados hasta el presente, tienen un pecado original al dirigir sus objetivos básicamente a la optimización de la denominada ‘mano de obra’, en lugar de considerar como propósito alcanzar una satisfactoria calidad de vida laboral que se proyecte a la vida personal, lo cual traería como resultado que el hombre en el uso de su fuerza de trabajo sea más eficaz, eficiente.

Por otra parte, el aumento de la esperanza de vida y las bajas tasas de natalidad determinarán un cambio significativo en la estructura de edades de la población, a favor de su envejecimiento, con el consiguiente incremento de trabajadores de alta calificación y experiencia, pero jubilados. Si aceptamos que el trabajo forma parte de la calidad de vida y que, como tendencia, se convertirá en la primera necesidad vital, la jubilación no será la fórmula a aplicar, máxime si tenemos presente la experiencia y conocimientos acumulados por esos trabajadores.

Por otro lado, la correspondencia entre la capacidad del trabajador y el contenido de la labor que realiza, es una de las condiciones necesarias para una satisfactoria calidad de vida laboral. Pero existen otros factores relevantes, entre los cuales podemos citar:

  • La eliminación de todo vestigio de discriminación en razón de color de piel, sexo, religión, opinión política, origen nacional o social, edad, orientación sexual o cualquier otra lesiva de la dignidad humana. Sólo la capacidad, los conocimientos, los resultados en el trabajo y el mérito deben primar en toda decisión que afecte la vida del trabajador.
  • El respeto a la dignidad individual, lo cual presupone que los miembros del colectivo deben ser tratados con respeto, independientemente del puesto que ocupen en la organización. Nadie tiene derecho a maltratar a otro, y menos un superior a sus subordinados, aun cuando en casos que justifiquen una reprimenda por un descuido o error grave; antes que humillar, se puede echar mano herramientas administrativas de sanción siempre que sea justificada.
  • La libertad de determinar, dentro de las opciones existentes, la labor que más concuerde con las aspiraciones, vocación, capacidad y conocimientos personales, sin presiones de tipo alguno. Esto implica la seguridad de empleo y la posibilidad de ascender en correspondencia con la resultados y méritos laborales.
  • La presencia de mecanismos sindicales y jurídicos que impidan la adopción de medidas arbitrarias.
  • Recibir un salario en correspondencia con la calidad y cantidad laboral, que le permita satisfacer sus necesidades, incluso eliminando toda forma de igualitarismo en la distribución individual: quien más aporte mejor debe vivir. En las condiciones actuales el salario adquiere una relevancia especial dado por el nivel de precios existente. Hay que tener muy presente que la formación de valores tiene dos soportes fundamentales: la educación y la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales, para lo cual el nivel salarial es un factor determinante.
  • La existencia de condiciones para elevar la calificación profesional y cultural, como opción libre y voluntaria y en correspondencia con las aspiraciones personales, ya sea de manera formal o autodidacta.
  • La garantía de la continuidad del proceso laboral con los medios y objetos de trabajo requeridos, y con una correcta organización del trabajo, producción y dirección.
  • La seguridad y salud del individuo en la realización de sus labores, así como el cuidado del medio ambiente.
  • La ciencia y la técnica como vías fundamentales para el incremento de la productividad, reducción del trabajo manual, enriquecimiento de los contenidos, productos o procesos, etc.
  • El reconocimiento moral y material, oportuno y público, de los resultados alcanzados.
  • La posibilidad real de participar en todos los eventos del colectivo, principalmente en las decisiones que se tomen y le afecten, teniendo una información clara y oportuna que le permitan fundamentar sus opiniones y el conocimiento del resultado de las mismas.
  • La existencia de un clima laboral sincero, participativo y de colaboración y ayuda mutua.
  • Condiciones adecuadas de alimentación, transporte, orden, estética, comunicaciones, etc.
  • Apoyo y acceso —o no obstrucción— a la realización de actividades políticas, culturales, recreativas y deportivas.

 

Etapas de realización

Todo debe comenzar por una sesión de estudio de los directivos que les permita evaluar cuál es el nivel actual de vida laboral, y a cuál se aspira. Es preferible que en esa o en una reunión posterior se invite a jefes de grupo o área, se analicen los fundamentos, contenidos y etapas del programa de elevación de las condiciones, introduciendo las modificaciones que procedan.

El siguiente paso es informar a los trabajadores del programa, mediante juntas donde se les pidan ideas dentro del marco acordado por la directiva. El tercer paso es un diagnóstico, para corroborar el primer planteamiento y reconocer las rutas a seguir. El mismo comprenderá un análisis de los principales indicadores laborales, una encuesta al consejo de dirección. Otra encuesta a los trabajadores deberá ser realizada, comprendiendo una muestra mínima de 25% de los ocupados en cada categoría: obreros, técnicos, administrativos, eventuales, etc.

Una vez lo anterior, la elaboración del programa será posible. Partiendo de los resultados del diagnóstico se crearán los diferentes grupos de trabajo, estando la coordinación de éste en el área de recursos humanos, debiendo precisarse fechas y responsables de ejecución. Asimismo, se calcularán los gastos en que se incurrirá. La aprobación del programa se efectuará por el consejo directivo con la participación de todos sus miembros y las organizaciones laborales pertinentes (sindicato, etc.).

Es recomendable que se efectúen reuniones por área con los trabajadores, para presentar el programa y recoger aquellos planteamientos que procedan. La implantación dará inicio escalonadamente o simultáneamente por cada uno de los responsables, bajo la supervisión de la dirección de recursos humanos. Finalmente, el control se pondrá en vigor mediante un sistema previamente diseñado por dicha dirección, y deberá notificarse de su avance en fechas preestablecidas al consejo de la dirección.

 

Conclusión

En el entendido de que la inversión y la tecnología están disponibles para hacer rentable una empresa e incrementar su productividad, la pregunta acerca no es posible responderla por los montos de las ganancias, como sería una respuesta honesta clásica, sino por la estabilidad de sus vínculos con la comunidad con la que interactúa y por la calidad de vida de sus trabajadores.

El desarrollo personal y conjunto de los trabajadores obliga a la empresa a velar por sus necesidades básicas y a fomentar los valores corporativos entre sus miembros, pero también implica que los trabajadores desarrollen actitudes acordes con su continua mejora, como personas, llevando a la práctica esos valores. Cuando se llega a la combinación exacta del fomento y práctica de la administración por valores, la responsabilidad social corporativa y la administración de la calidad total, se darán de manera natural.

 

Bibliografía

 

Perfil:

Los autores son egresados de la maestría en administración con especialidad en recursos humanos de la Facultad de Contaduría Pública y Administración de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Para establecer comunicación con Homero Chapa Jáuregui o con Arturo López Vázquez, escriba respectivamente a estos correos electrónicos: hchapa@manpower.com.mx / Arturo_s_lopez@whirlpool.com.

 

NOTA: este artículo fue originalmente publicado en el suplemento de la edición 214 de Contacto de Unión Empresarial de septiembre de 2009.

agosto 8, 2018 0 comment
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